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Un triste vagabundo

Antonio del Olmo

Poeta que considera el portal su segunda casa
UN TRISTE VAGABUNDO

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El vagabundo caminaba sin rumbo en las calles de Viena una fría noche de 1826. Era un hombre envejecido, de estatura baja, cara redonda y piel oscura cubierta de cicatrices de viruela. Su traje era de buena calidad, no parecía un indigente, pero estaba muy sucio. Tenía la mirada perdida y sus labios formaban una curva, contraria a la sonrisa, que reflejaba su desesperación. Sus pensamientos, empapados con alcohol, no tenían rumbo, igual que sus pasos.

Un hombre le reconoció, se paró ante él y le dijo:

—¿Le acompaño a su casa? La noche es fía y no está bien abrigado.

El vagabundo señaló su oído con el dedo índice, movió la cabeza hacia los lados para negar y se alejó deprisa para defender su soledad. Tres horas después, cuando desapareció el alcohol de su cerebro, empezó a sonreír mientras movía todos los dedos de las dos manos. Enseguida llegó a su apartamento, agarró un montón de papeles impresos con pentagramas y se puso escribir las notas de su décima sinfonía.

Su desesperación se convertía en arte. En la música había encontrado siempre un refugio ante todas las adversidades. El mundo de la música que generaba su mente era —para él— más real que el mundo que el mundo que percibía con los cuatro sentidos que le quedaban. En su alma sonaba la más bella armonía que nunca podría escuchar, pero su vida termino antes de completar la composición; aunque siempre vivirán sus nueve sinfonías acabadas.
 

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El vagabundo caminaba sin rumbo en las calles de Viena una fría noche de 1826. Era un hombre envejecido, de estatura baja, cara redonda y piel oscura cubierta de cicatrices de viruela. Su traje era de buena calidad, no parecía un indigente, pero estaba muy sucio. Tenía la mirada perdida y sus labios formaban una curva, contraria a la sonrisa, que reflejaba su desesperación. Sus pensamientos, empapados con alcohol, no tenían rumbo, igual que sus pasos.

Un hombre le reconoció, se paró ante él y le dijo:

—¿Le acompaño a su casa? La noche es fía y no está bien abrigado.

El vagabundo señaló su oído con el dedo índice, movió la cabeza hacia los lados para negar y se alejó deprisa para defender su soledad. Tres horas después, cuando desapareció el alcohol de su cerebro, empezó a sonreír mientras movía todos los dedos de las dos manos. Enseguida llegó a su apartamento, agarró un montón de papeles impresos con pentagramas y se puso escribir las notas de su décima sinfonía.

Su desesperación se convertía en arte. En la música había encontrado siempre un refugio ante todas las adversidades. El mundo de la música que generaba su mente era —para él— más real que el mundo que el mundo que percibía con los cuatro sentidos que le quedaban. En su alma sonaba la más bella armonía que nunca podría escuchar, pero su vida termino antes de completar la composición; aunque siempre vivirán sus nueve sinfonías acabadas.
.....................Puedo comprender a ese vagabundo.............y aun no he escrito un décimo poema que sea hermoso.................Gracias por dejar este apartado en este punto...............hermoso.
 
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