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¡No adoréis a un loco!

Versos para meditar. Grata lectura, por ello también pienso : no adoreis a un loco su demencia es contagiosa, tiene adicciones que atrapan y nos hacen perder el sentido del humano que somos. Saludos, que este bien Angel.
 
Sí, su demencia no tiene limites.
o nos hace perder los sentidos, o nos hace encontrarlos.
En cada lado de la moneda, hay ventajas.
Saludos Daniel.
Versos para meditar. Grata lectura, por ello también pienso : no adoreis a un loco su demencia es contagiosa, tiene adicciones que atrapan y nos hacen perder el sentido del humano que somos. Saludos, que este bien Angel.
 
Última edición:
Son las ocho veintidós de la noche
de este jueves diecinueve de agosto.
La lluvia toca un vals que desconozco
y un sentimiento de dolor sale a flote

Ya son las ocho cuarenta y dos y aquí sigo
tumbado sobre un océano de caos,
no solo tengo lagunas, también cientos de lagos.
—No te aborrezco asesino, solo te maldigo.

Las ocho cincuenta y seis, noche de un lunes.
El dolor se escribe de poco a poco, como un grito.
El invierno maldito es un huésped frío y fijo.
Y la vida una enfermedad de la que no soy inmune.

Nueve y dos, Sir Samuel canta un Âme desgarrador.
¿Quién puede herir mejor o peor que el recuerdo?
¿Quién se atreve a elegir entre cielo e infierno?
Si ambos reinos los dirige el mismo dictador.

Nueve y treinta y nueve, llueve hormigón de arriba
Tempestad de piedras, tormenta de reproches
Viento que tiene real cédula para andar de noche
¿Qué mano temible puede detener su ira?

Y yo un humano podrido e indigente
En las avenidas mal alumbradas de esta vida
Me empecino como un perro dando vueltas
Lloro mi cadáver tétrico e indiferente.

Diez y cinco, ¿acaso basta el lamento,
Para sentirse vacío o para sentirse lleno?
La venganza es un café que se endulza con odio.
El odio es un dulce adictivo igual que el ajenjo.

Cinco y treinta y dos, madrugada de martes.
El dolor hincó su tienda, se instaló despacio.
El corazón está sin fuerzas, no se oyen sus pasos.
Los pensamientos giran sobre su propio eje.

Nueve y veintiocho, ¡calla corazón, deja respirar a otros!
El aire es un bien, que esta bien que haga falta.
Todos los mortales nos uniremos a la misma marcha.
yo cojo mi camino, firmo y sello, ¡No adoréis a un loco!

Angel EC Chub
La dualidad a tal punto. Sal y azúcar en un cáliz de tiempo. Seremos resumidos como crujientes hojas y sin embargo...
Grato pasar por aquí, poeta. Saludos.
 
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