Javier Alánzuri
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una vaca
pequeñita
tiene un amigo
que se llama San,
y se apellida Ciones,
pero todos
lo conocen
por Sanciones.
Él no es malo,
pero su nombre
dicho así,
todo junto,
le hace reñir
con los demás
y nadie, nadie
lo quiere cerca,
sólo su amiga
la vaquita.
Cuando San Ciones
va de visita
donde vive
la vaquita,
ella le pide
siempre, siempre,
que le deje
algún ratito
su apellido.
Él nunca quiso
dejárselo,
aunque la vaca
tanto insistió,
que un buen día
se lo dejó
mientras decía…
"por un ratito,
te lo dejo
solo un ratito
y nada más..."
pero la vaca
se lo quedó
y nunca jamás
lo devolvió.
Desde aquel día,
San solo es San,
sin su apellido,
pero él está
mucho mejor.
Ahora tiene
muchos, montones
de amiguitos
que lo adoran
y visitan
en las fiestas
y los domingos.
Y la vaca
es más feliz
que una perdiz,
porque la quieren
y la esperan
ilusionados.
Ella presume
yendo con Ciones
siempre a su lado
y, desde entonces,
¿cómo la llaman?...
pues claro, claro,
todos la llaman
vacaciones.
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