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Asunción Pérez: mi abuela paterna

eledendo

Poeta asiduo al portal
... sin, quizás, intuirlo, mi abuela, Asunción - 7 hijos, 7 - era felizmente poderosa: una santa real;

cómo tengo ante mí sus lindas manos, sus ojos, su silueta, esbelta y frágil, y su gran resplandor,

aquella figura de negro siempre con el pañuelo anudado, justo, justo, junto al dios de su boca;

y es que era, era tanta la bondad que derramaba, la luz que desprendía,

que expresaba palabras y estancia cual semillas de alma con fulgores de oro;

... y, dado que eran colindantes sus casas, algunas veces, al caer el sol, y a la puerta de la calle,

se reunía con mi otra abuela - Ángela: lista, trabajadora, inteligente,

la que a menudo me instruía al decirme ¡ sí, hijo, sí, que donde quiera está Dios…!

y, ambas, mirándose a los ojos y dialogando, se alegraban mutuamente la faz y sonreían;

entonces, y viéndolas, yo intuía que mi reino de agua, de tierra y barro,

fulguraba con fuerza sobre el bastión redondo de la plaza;

... hoy, en su casa vive un magno biznieto, mi bien estimado primo, César, nuestro Alcalde;

y estoy seguro de que, de entre el ser y correr de las horas más vivas, hondas y quedas,

desde los tapiales, se incendia y brilla, la mirada más dulce de un amor tan hermoso.

***

Antonio Justel Rodriguez

https://www.oriondepanthoseas.com

***
 
... sin, quizás, intuirlo, mi abuela, Asunción - 7 hijos, 7 - era felizmente poderosa: una santa real;

cómo tengo ante mí sus lindas manos, sus ojos, su silueta, esbelta y frágil, y su gran resplandor,

aquella figura de negro siempre con el pañuelo anudado, justo, justo, junto al dios de su boca;

y es que era, era tanta la bondad que derramaba, la luz que desprendía,

que expresaba palabras y estancia cual semillas de alma con fulgores de oro;

... y, dado que eran colindantes sus casas, algunas veces, al caer el sol, y a la puerta de la calle,

se reunía con mi otra abuela - Ángela: lista, trabajadora, inteligente,

la que a menudo me instruía al decirme ¡ sí, hijo, sí, que donde quiera está Dios…!

y, ambas, mirándose a los ojos y dialogando, se alegraban mutuamente la faz y sonreían;

entonces, y viéndolas, yo intuía que mi reino de agua, de tierra y barro,

fulguraba con fuerza sobre el bastión redondo de la plaza;

... hoy, en su casa vive un magno biznieto, mi bien estimado primo, César, nuestro Alcalde;

y estoy seguro de que, de entre el ser y correr de las horas más vivas, hondas y quedas,

desde los tapiales, se incendia y brilla, la mirada más dulce de un amor tan hermoso.

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Antonio Justel Rodriguez

https://www.oriondepanthoseas.com

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Me parece una poesía preciosa.


Saludos cordiales.
 
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