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Tiernamente-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Echo de menos

cuando se cortaban las cabezas

más tiernamente, y se tiraban

a los pozos las pezuñas de los ciegos.

Invidencia, invidencia, eso permite

la vida. O casi la ignorancia.

Para un hombre, la obediencia

es casi una disciplina. Y yo tiro

al fondo las ropas de los ataúdes.







Tierra tierra sobre mis ojos

a qué quejarse, sombríamente,

miro y después, solicito quejarme.

Soy el perro del armario, la luna

vestida de tul, el cuerpo que invita

a la ceguera y ese nostálgico vivir

de los morenos en vías de extinción.





Amianto, sobre tu cabeza, en radares.

Disolviendo su estructura veraniega

en una danza tóxica, improbable.

Amianto, amianto, qué esperáis

de la vida-.



©
 
Echo de menos

cuando se cortaban las cabezas

más tiernamente, y se tiraban

a los pozos las pezuñas de los ciegos.

Invidencia, invidencia, eso permite

la vida. O casi la ignorancia.

Para un hombre, la obediencia

es casi una disciplina. Y yo tiro

al fondo las ropas de los ataúdes.







Tierra tierra sobre mis ojos

a qué quejarse, sombríamente,

miro y después, solicito quejarme.

Soy el perro del armario, la luna

vestida de tul, el cuerpo que invita

a la ceguera y ese nostálgico vivir

de los morenos en vías de extinción.





Amianto, sobre tu cabeza, en radares.

Disolviendo su estructura veraniega

en una danza tóxica, improbable.

Amianto, amianto, qué esperáis

de la vida-.



©

Hay mucha brutalidad y muchos problemas todavía en este mundo todavía, querido amigo Ben. Buen poema, un abrazo.
 
Echo de menos

cuando se cortaban las cabezas

más tiernamente, y se tiraban

a los pozos las pezuñas de los ciegos.

Invidencia, invidencia, eso permite

la vida. O casi la ignorancia.

Para un hombre, la obediencia

es casi una disciplina. Y yo tiro

al fondo las ropas de los ataúdes.







Tierra tierra sobre mis ojos

a qué quejarse, sombríamente,

miro y después, solicito quejarme.

Soy el perro del armario, la luna

vestida de tul, el cuerpo que invita

a la ceguera y ese nostálgico vivir

de los morenos en vías de extinción.





Amianto, sobre tu cabeza, en radares.

Disolviendo su estructura veraniega

en una danza tóxica, improbable.

Amianto, amianto, qué esperáis

de la vida-.



©
Un placer leer tus hermosas letras
Un saludo
 
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