Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
De pronto surgió desde el fondo,
primero como un gemido hasta transformarse en un grito
que devoraba otro. Cada vez más desmedido, visceral y bizarro;
corroyendo las entrañas, hasta no poder devorar más.
Era tan necesario terminar,
¡tan urgente! que la piel en las mejillas
se desgarraba asemejando hilos.
Los huesos de la mandíbula descubiertos y desencajados
sostenido apenas por los músculos.
Y a pesar de todo... seguía sintiendo lo mismo.
De pronto esa cita
“os digo que si estos callaran, las piedras clamarían”
Cuanta ironía,
los cuerpos empalados en los campos
y la flores bailando con la caricia del viento
que sopla atreves de todos los cuerpos.
Miles de partículas deplorando existencia
pero a mí, me exime la sangre que gotea,
las lágrimas, la última plegaria
sin incienso…el libre albedrío
que cada vez que miro, jala como cuerda.
Todos lo hacen por algo…
Todos alguna vez, artífices del filo
Que lacera tan cerca.
Cuantos verdugos, soñando con su principio.
los cuerpos empalados en los campos
y la flores bailando con la caricia del viento
que sopla atreves de todos los cuerpos.
Miles de partículas deplorando existencia
pero a mí, me exime la sangre que gotea,
las lágrimas, la última plegaria
sin incienso…el libre albedrío
que cada vez que miro, jala como cuerda.
Todos lo hacen por algo…
Todos alguna vez, artífices del filo
Que lacera tan cerca.
Cuantos verdugos, soñando con su principio.