Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sin malas intenciones las palabras revuelven
el cajón de la memoria haciéndola de nuevo,
como esa vieja casa
que cambia de lugar sus muebles
y se ve distinta, al mirarse en los reflejos
de los pozos sin fondo, donde la mano se vierte,
se hunde hasta los huesos.
Las fotos del ayer hacen del suicidio
su único pretexto para mantenerse jóvenes.
Margaritas o cualquier otra flor, sin pétalos,
dejan corazones sobre la alfombra roja
que presentan realidad
comprometida en el mañana.
Demasiadas imágenes para la gloria o el olvido.
De colores de luto o de boda
las sombras no reaparecen
tras pasar las páginas
de la carta inacabada.
Tienes que vivir en un álbum de fotos para otros
cada día,
sin poner punto final a la memoria
recuerdo de tus hijos
y de esas ruedas
que siguen dando vueltas
tras la puerta,
donde todo persiste
y nada se consume.