Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
La calle, esa piel extendida que a menudo maltratamos
con humos, ruidos y cuchillos, se revela
en las junturas de baldosas levantadas que se alegran
por los tropiezos de los poco cuidadosos ciudadanos.
La sangre es la venganza del descuido y el abandono.
Las calles lloran la suciedad de sus vestidos y la noche
es un oprobio para el hueco de los árboles que ven
como la lluvia no proviene del cielo.
Nadie logra estirar las penas encogidas de raíz
que de trecho en trecho asoman los ojos
a un mundo carente de cimientos.
Yo sé que todo se tambalea
en los cuarteles del miedo que ahora vence.
Callaré, para no ver caer las hojas
bajo el peso de la palabra que no revierte
en verde su sonido.
La calle, piel extendida en su lecho
espera la caricia del amante
que sin insultos ni golpes
la prolongue en sus extremos
sin trampas ni cadenas.