Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
El cielo arranca lágrimas del techo,
las invierte y acuña,
reconforta su herida
hasta regenerarla,
cicatriz del olvido, memoria sin mirada.
Salen de la poesía los acopios de sal
para condimentar los aderezos,
las cosas ya completas,
los planes ya resueltos.
Hablar sobre lo hablado,
sin charla ni mensaje, mera conversación
que flota siempre, justo después de hundirse,
en el lugar exacto donde termina el mar.
Esa ola es el beso de cuando éramos uno,
un amor, solo uno.
Desde mi posición, no veo nada.
Una hoja vacía, solo pluma.
Acaso me pasase por encima un recuerdo,
y el viento derramase la sangre de los pájaros
sobre otro viento y otro y otro y otro,
hasta llegar al suelo, en forma de
forme.
las invierte y acuña,
reconforta su herida
hasta regenerarla,
cicatriz del olvido, memoria sin mirada.
Salen de la poesía los acopios de sal
para condimentar los aderezos,
las cosas ya completas,
los planes ya resueltos.
Hablar sobre lo hablado,
sin charla ni mensaje, mera conversación
que flota siempre, justo después de hundirse,
en el lugar exacto donde termina el mar.
Esa ola es el beso de cuando éramos uno,
un amor, solo uno.
Desde mi posición, no veo nada.
Una hoja vacía, solo pluma.
Acaso me pasase por encima un recuerdo,
y el viento derramase la sangre de los pájaros
sobre otro viento y otro y otro y otro,
hasta llegar al suelo, en forma de
forme.