fabiolaselene
Poeta que considera el portal su segunda casa
Preparándome para la batalla
Entre tantos varones, diez para ser más exacto, las batallas eran continuas.
Se formaron dos bandos y yo, como la única chica, me dieron la opción de elegir el bando que quería
Y yo muy astuta, elegí a dos de cada bando, así con el pretexto de ir a por alguna cosa, subía a la buhardilla y me enteraba de como y donde iban a atacar al contrario y así hacia con la otra banda, bajando al sótano.
Eran tan inocentes, que no se enteraban de la estrategia mía.
Cuando llegaba la hora de la pelea, a las afueras del pueblo, en un descampado, ya nos estaban esperando medio pueblo, dejándonos el camino del medio, para hacer nuestra entrada triunfal.
Eso a mi me encantaba, por ellos corte los patrones en sabanas blancas, a las que pinté, copiando de las películas, sus vestimentas con sus escudo de armas, haciéndolas todas iguales, pero de diferentes colores, para distinguirnos.
Tarde varias semanas en prepararlos, pero la imaginación se me encendió y y empecé a planear los pasos a seguir.
La mía era la más lujosa, con muchos cristales de colores incrustados y brillantinas que al moverme, relucían.
Y haciendo un molde, con una fina capa de escayola de una armadura, el casco.
Los metí, en estaño liquido, con mucha paciencia y tiempo, para que no se rompieran, hice que cogieran el color plateado y su rigidez.
Más tarde, los metí, en un horno de ceramista y a una temperatura muy alta, se secarían y tomarían el aspecto de los originales, que con una capa de barniz especial, brillaban que daba gusto verlos.
Y solo faltaba la espada, que como la quería enorme, en escayola, pesaría mucho y entonces la hice con corcho que pintándola con la misma mezcla que las otras dos piezas, quedó fenomenal.
Ah¡ se me olvidaba, vestí a los caballos con otros disfraces y en la cola les hice, una trenza y en la punta, les puse un gran lazo, con los mismos colores del escudo.
Ya con todo dispuesto, hicimos un ensayo en el jardín de casa.
Estaba orgullosa y mi familia también, parecíamos unos guerreros de verdad.
Nos aprendimos un guión y con varias repeticiones, al fin logramos que nos saliera bien.
Yo aunque, con el casco apenas se me veían los ojos, yo me los pinté, como si fuera de fiesta y a la hora prevista, salimos cabalgando desde casa..
Y con aplausos de los vecinos y viandantes salimos felices al punto de encuentro…
Techuaym (mío)
Entre tantos varones, diez para ser más exacto, las batallas eran continuas.
Se formaron dos bandos y yo, como la única chica, me dieron la opción de elegir el bando que quería
Y yo muy astuta, elegí a dos de cada bando, así con el pretexto de ir a por alguna cosa, subía a la buhardilla y me enteraba de como y donde iban a atacar al contrario y así hacia con la otra banda, bajando al sótano.
Eran tan inocentes, que no se enteraban de la estrategia mía.
Cuando llegaba la hora de la pelea, a las afueras del pueblo, en un descampado, ya nos estaban esperando medio pueblo, dejándonos el camino del medio, para hacer nuestra entrada triunfal.
Eso a mi me encantaba, por ellos corte los patrones en sabanas blancas, a las que pinté, copiando de las películas, sus vestimentas con sus escudo de armas, haciéndolas todas iguales, pero de diferentes colores, para distinguirnos.
Tarde varias semanas en prepararlos, pero la imaginación se me encendió y y empecé a planear los pasos a seguir.
La mía era la más lujosa, con muchos cristales de colores incrustados y brillantinas que al moverme, relucían.
Y haciendo un molde, con una fina capa de escayola de una armadura, el casco.
Los metí, en estaño liquido, con mucha paciencia y tiempo, para que no se rompieran, hice que cogieran el color plateado y su rigidez.
Más tarde, los metí, en un horno de ceramista y a una temperatura muy alta, se secarían y tomarían el aspecto de los originales, que con una capa de barniz especial, brillaban que daba gusto verlos.
Y solo faltaba la espada, que como la quería enorme, en escayola, pesaría mucho y entonces la hice con corcho que pintándola con la misma mezcla que las otras dos piezas, quedó fenomenal.
Ah¡ se me olvidaba, vestí a los caballos con otros disfraces y en la cola les hice, una trenza y en la punta, les puse un gran lazo, con los mismos colores del escudo.
Ya con todo dispuesto, hicimos un ensayo en el jardín de casa.
Estaba orgullosa y mi familia también, parecíamos unos guerreros de verdad.
Nos aprendimos un guión y con varias repeticiones, al fin logramos que nos saliera bien.
Yo aunque, con el casco apenas se me veían los ojos, yo me los pinté, como si fuera de fiesta y a la hora prevista, salimos cabalgando desde casa..
Y con aplausos de los vecinos y viandantes salimos felices al punto de encuentro…
Techuaym (mío)