PANYU DAMAC
Poeta asiduo al portal
Vuelve amanecer
mientras la cuota de cósmico tiempo que me queda
es devaluada por la transitoriedad del mundo.
Después de que todo haya pasado
resultará indispensable un acuerdo,
que no con el extremo del olvido.
Vendrá desde lo más lejos la luz para alumbrarnos.
Entonces, con la misma claridad
que hace brillar al inconsciente,
descorrer el velo que ver impide,
para volver obvio el manantial de los días.
Es esta la impresión que ahora quiero de la vida,
la amplitud de un horizonte volado de la imaginación,
el flujo de fotones filtrándose entre mi propia sombra.
Es esta la clase de quietud que sirve de cama a mi vigilia,
el tipo de silencio donde sigo depositando
pensamientos acerca de lo inexistente.
Hay un millón de formas de estar,
pero una sola manera de poder ser.
Es uno el único capaz de desconocerse,
enamorándose de la duda hasta decir basta,
llenando el colmo del desatino
con letras desembarazadas del destino.
Han de convertirse en mis esclavas estas sensaciones
y no ser nunca más un castigo para el cuerpo,
serán de la tierra que da la vuelta sin cansarse
para hacer con ellas un interminable jardín de tallos sin espinos.
Acontece la existencia caminando entre extraños parajes,
pero se consigue refugio en el confín del bosque.
Hablan los elementos de una eternidad sin hombres,
corren rápidos los ríos borrando a las cosas sus nombres.
No hay comienzo sin el fin de los espejos
sin el decapitamiento de los miedos.
No hay peor engañó que el convencimiento
ni mejor castigo que contar con la oportunidad de vivir de nuevo.
Herirse a sí mismo será siempre la más sofisticada de las armas
y por ende la más infalible.
Correr de la intemperie no podrá convertirse
en oscuro hacinadero de las almas.
Estando solo la única maestra de realidad se viste.
Sería el movimiento lo que cada acción al mundo,
Estando en otro dios se hace posible
sería el detenimiento lo único cierto lo único absoluto.
Hacia qué lugar nos desplazamos
mientras el cielo de blanco se complete.
Qué clase de canción cantaré
tras la cuesta que entre ambos llevamos.
mientras la cuota de cósmico tiempo que me queda
es devaluada por la transitoriedad del mundo.
Después de que todo haya pasado
resultará indispensable un acuerdo,
que no con el extremo del olvido.
Vendrá desde lo más lejos la luz para alumbrarnos.
Entonces, con la misma claridad
que hace brillar al inconsciente,
descorrer el velo que ver impide,
para volver obvio el manantial de los días.
Es esta la impresión que ahora quiero de la vida,
la amplitud de un horizonte volado de la imaginación,
el flujo de fotones filtrándose entre mi propia sombra.
Es esta la clase de quietud que sirve de cama a mi vigilia,
el tipo de silencio donde sigo depositando
pensamientos acerca de lo inexistente.
Hay un millón de formas de estar,
pero una sola manera de poder ser.
Es uno el único capaz de desconocerse,
enamorándose de la duda hasta decir basta,
llenando el colmo del desatino
con letras desembarazadas del destino.
Han de convertirse en mis esclavas estas sensaciones
y no ser nunca más un castigo para el cuerpo,
serán de la tierra que da la vuelta sin cansarse
para hacer con ellas un interminable jardín de tallos sin espinos.
Acontece la existencia caminando entre extraños parajes,
pero se consigue refugio en el confín del bosque.
Hablan los elementos de una eternidad sin hombres,
corren rápidos los ríos borrando a las cosas sus nombres.
No hay comienzo sin el fin de los espejos
sin el decapitamiento de los miedos.
No hay peor engañó que el convencimiento
ni mejor castigo que contar con la oportunidad de vivir de nuevo.
Herirse a sí mismo será siempre la más sofisticada de las armas
y por ende la más infalible.
Correr de la intemperie no podrá convertirse
en oscuro hacinadero de las almas.
Estando solo la única maestra de realidad se viste.
Sería el movimiento lo que cada acción al mundo,
Estando en otro dios se hace posible
sería el detenimiento lo único cierto lo único absoluto.
Hacia qué lugar nos desplazamos
mientras el cielo de blanco se complete.
Qué clase de canción cantaré
tras la cuesta que entre ambos llevamos.