BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Oh las estrechas ligaduras que baten
sinuosamente mi corazón ligero! ¡Oh la sangre
que circula como una enredadera por el ácido
de mis arterias disimuladas! ¡Cuánta podredumbre
destinada al ocaso! Tanta sinrazón proclamada
estandarte de navíos ostentosos! Mi alma, tan pura
como arlequín inexcusable, busca el método
infalible, como punta exhausta de alfiler. Mi alma,
sí, puñado de arena en el sitio más inadecuado,
caliente ceniza y odio de mar. Esqueleto y armazón,
bastan a mis huesos, salitre dormido por brisas
tempestuosas. Atravesado por aristas insondables,
mi corazón penetra las licuaciones de su exilio,
un empuje de caracol viscoso, un agua de protesta
sumida en su pozo veraniego, la aleta maltrecha
de un tiburón hembra, el palacio solitario e invernal.
Todo confabula a mis espaldas, para saciar una luz
inexplicable, una luz de cristal, un suceso de carne
que ilumina el espanto y lo hace más nuestro y sagaz.
Me recuerdas a un segmento de araña en el aljibe.
Un nido de culebras que transcurrió al fondo.
El hijo herido que circunda los dominios de mis obsesiones.
La nada antes de ser nada, el todo antes de constituirse
instante material, la cicatriz y el aullido del pájaro y de la carne,
que mecen los vientos como estatuas inmóviles y discretas-.
©
sinuosamente mi corazón ligero! ¡Oh la sangre
que circula como una enredadera por el ácido
de mis arterias disimuladas! ¡Cuánta podredumbre
destinada al ocaso! Tanta sinrazón proclamada
estandarte de navíos ostentosos! Mi alma, tan pura
como arlequín inexcusable, busca el método
infalible, como punta exhausta de alfiler. Mi alma,
sí, puñado de arena en el sitio más inadecuado,
caliente ceniza y odio de mar. Esqueleto y armazón,
bastan a mis huesos, salitre dormido por brisas
tempestuosas. Atravesado por aristas insondables,
mi corazón penetra las licuaciones de su exilio,
un empuje de caracol viscoso, un agua de protesta
sumida en su pozo veraniego, la aleta maltrecha
de un tiburón hembra, el palacio solitario e invernal.
Todo confabula a mis espaldas, para saciar una luz
inexplicable, una luz de cristal, un suceso de carne
que ilumina el espanto y lo hace más nuestro y sagaz.
Me recuerdas a un segmento de araña en el aljibe.
Un nido de culebras que transcurrió al fondo.
El hijo herido que circunda los dominios de mis obsesiones.
La nada antes de ser nada, el todo antes de constituirse
instante material, la cicatriz y el aullido del pájaro y de la carne,
que mecen los vientos como estatuas inmóviles y discretas-.
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