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A primera vista

Asklepios

Incinerando envidias
A primera vista, tras un instintivo rechazo, procuré acomodar en la tristeza mis gestos y actitudes a lo que sospechaba que, algún día, serían mis futuras circunstancias.

Se encontraba totalmente callado, mirando nada, tranquilamente inmóvil. Supongo se debía a la influencia que en él, en todos, producía el lugar.

Él desde dentro, nosotros desde fuera, como se prefiera, permanecíamos allí ensimismados, mientras se procedía a la negación de la vida con total protocolo y ceremonia.

Me preguntaba si no tendría hambre, frío… ¿Llegaría a comerse todos aquellos ramos de rosas?... Hoy, sonrío por tan estúpida e inocente ocurrencia.

Mientras tanto, las palabras pronunciadas por cierto hombre provocaron que tía Clara comenzara a llorar de una manera, para mí, bastante cómica, haciéndome dudar de su dolor o alegría. Mamá se fue a llorar lejos…

Comenzaron a llegar automóviles en los que, poco a poco, los asistentes se fueron retirando. Yo, despistado, casi me quedo solo con aquellos hombres dedicados a cubrir los sueños de papá. Salí corriendo a cobijarme en cualquiera de los coches…

…Y de papá… ni si quiera me despedí.
 
A primera vista, tras un instintivo rechazo, procuré acomodar en la tristeza mis gestos y actitudes a lo que sospechaba que, algún día, serían mis futuras circunstancias.

Se encontraba totalmente callado, mirando nada, tranquilamente inmóvil. Supongo se debía a la influencia que en él, en todos, producía el lugar.

Él desde dentro, nosotros desde fuera, como se prefiera, permanecíamos allí ensimismados, mientras se procedía a la negación de la vida con total protocolo y ceremonia.

Me preguntaba si no tendría hambre, frío… ¿Llegaría a comerse todos aquellos ramos de rosas?... Hoy, sonrío por tan estúpida e inocente ocurrencia.

Mientras tanto, las palabras pronunciadas por cierto hombre provocaron que tía Clara comenzara a llorar de una manera, para mí, bastante cómica, haciéndome dudar de su dolor o alegría. Mamá se fue a llorar lejos…

Comenzaron a llegar automóviles en los que, poco a poco, los asistentes se fueron retirando. Yo, despistado, casi me quedo solo con aquellos hombres dedicados a cubrir los sueños de papá. Salí corriendo a cobijarme en cualquiera de los coches…

…Y de papá… ni si quiera me despedí.
UN semblante de dolor, ese no despedirse despues de ver la funda de la vida perdida...,
recorrido de excelente escenografia de instantes. me gusto. saludos amables de luzyabsenta
 
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