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¡Ah, los niños!

Juan Pablo Segovia

Poeta recién llegado
Me gusta ir a pasear cuando llega el atardecer,
tambien pasar un rato en un parque cercano,
es muy bonito, como un pequeño bosque en la ciudad,
voy caminando poquito a poco,
con la edad ya no puedo apresurarme,
no es como antes.

Las casas a ambos lados de la calle son muy bonitas,
con bellos jardines y muy bien cuidadas que estan,
a veces me robo una rosa cuando nadie mira,
disfruto de la dulce y suave fragancia que emana de ellas.
A mi difunta tambien le gustaban,
solia trerle un ramo de rosas los domingos
pero ya no tengo a quien traer rosas,
la pobrecita se murio.
Que vamos a hacer.
Trato de oir las voces casi imperceptibles

detras de puertas y paredes,
¿que dicen?
no entendio, ya estoy medio sordo,
viven dentro como prisioneros voluntarios.
¿Que hay dentro de cada casa? ¿quien vive? ¿que sucede?
cada cual un mundo en si, un misterio para mi,
¿seran felices? ¿seran infelices?
no es asunto mio,
pero por dentro desearia estar con ellos,
solo que me siento, la soledad es triste.
Las calles estan vacias, nadie afuera
¿Porque viven asi?
que alegre sería si los niños estubieran jugando,
tan bonito que esta todo.

Al fin llegué al parque, estoy muy cansado,
me dejé caer en uno de los bancos a descansar y mirar el paisaje,
el aire me falta, cuando uno se pone viejo es así.
Los niños corren y juegan, incansables que son,
juegan y juegan sin pensar, viven el momento,
todo les maravilla, así me sentía yo cuando chiquito,
todavía me acuerdo.
Vengo a verlos casi todas las tardes,
como me gusta oír sus voces y risas alegre
las madres los cuidan dandoles cariño y consuelo si se lastiman,
a veces lloran pero esto dura poco,
de pronto se levantan y vuelven a jugar,
solo querían sentirse protregidos por ellas.
Dios mando las madres ¿que haríamos sin ellas?
Que rápido pasa el tiempo ya comienza a oscurecer y a ponerse frío,
los huesos me duelen cuando hace frío,
¡maldita vejez!
Una a una llaman a los niños para que vengan, es hora de irse,
algunas hablan muy fuerte para que las oigan,
uno que otro rehusa irse o pretenden no oir pero al fin obedecen,
a veces lloran porque no quieren dejar de jugar,
me da lástima cuando lo hacen.
Ha empezado a enfriarse casi de pronto,
la brisa es suave pero muy fría,
abrigan a los niños para que no sientan frí o se enfermen,
pueden coger catarro
Yo tambien me cierro el abrigo, tengo que cuidarme.
Poco a poco se van todos,
una señora lleva el hijo de mano, muy travieso que es,
alejandose entre los arboles hasta que se me pierde de vista en la distancia ,
me recuerda cuando hacia lo mismo con mi hijo.
Tras pasar un rato miro a mi alrededor,
solo quedo yo, es ya de noche.
Solo silencio.
Mejor me voy.
Respiro el aire frio del anochecer, que sabroso es,
me voy, caminando entre los arboles,
toco los troncos con mis manos, me gusta acariciarlos.
El bastón me ayuda a no caer.

¡Ah, los niños!
 

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Última edición:
Cuando leía cada uno de tus versos sentía como si estuviera ahí, en esa plaza. Juan Pablo has descrito con muchísima claridad todas las situaciones en cada momento y los sentimientos que en ti se despertaban. Me gusto mucho tu obra, yo también disfruto mucho viendo a los niños jugar y me dejo llevar por los recuerdos. Un gran abrazo amigo.
Gracias Laly, siempre aprecio tus palabras. Otro fuerte abrazo para ti
 
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