…de la picadura del atolón, y el ego del perdedor...
de esos perros, que lamen el azul de los sueños;
esa chica, inaprensible, entre las aves,
y esos muchachos, que tragan sus propios ojos, como monedas…
de esa vieja serpiente, condenada a la cultura,
mientras arde la culpa, y los bueyes, son pacientes…
de ese juego, de las celdillas, de las temperaturas…
todos esos detectives, desperdigados , por los tejados…
las letras en ebullición ,
y nuestra canción de lucha, entre las polillas;
el primer mandamiento del abecedario,
y entre paréntesis, las islas.
de esos perros, que lamen el azul de los sueños;
esa chica, inaprensible, entre las aves,
y esos muchachos, que tragan sus propios ojos, como monedas…
de esa vieja serpiente, condenada a la cultura,
mientras arde la culpa, y los bueyes, son pacientes…
de ese juego, de las celdillas, de las temperaturas…
todos esos detectives, desperdigados , por los tejados…
las letras en ebullición ,
y nuestra canción de lucha, entre las polillas;
el primer mandamiento del abecedario,
y entre paréntesis, las islas.
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