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Anécdota de un viaje.

Goliat

Poeta recién llegado
Anécdota de un viaje.

Voy para Matagalpa temprano, llego a la terminal de buses -si es que se puede llamar así- ubicada en el Mercado Municipal de Masaya El bus de colores pintorescos, algo viejo -por no decir muy viejo- todos los asientos tapizados de cuerina negra evidentemente recién construidos, nada que ver con los originales. Rodeado de mercaderes que apenas dan paso a que pase un vehículo.

Canastos de bambú llenos de pitahayas, piñas, aguacates, icacos, guabas, mangos de distintas variedades, ayotes, pipianes, chayotes, caimitos, naranjas, limones, frijoles, zanahorias en fin, incontables productos.

Dentro del bus, una anciana, claramente de origen indígena, con su pelo canoso enrollado y amarrado terminando en una moña; en sus sienes un parche a cada lado de quien sabe qué, y de su pecho colgando un escapulario café; única pasajera, a su lado un cesto de bambú con su aro, dentro del cesto aguacates, una piña de mamón, y unos cuantos bananos.

Me siento inmediatamente detrás de la anciana. Al momento con difultad para subir -pues son como tres gradas desde el suelo lodoso- entra otra anciana, también de origen indígena, un poco encorvada, cargando una bolsa de plástico transparente conteniendo al menos 20 bollos de pan, detrás de ella sube el colector quien le ayuda a colocar el pan en la canastera interior. Gracias hijo -le dice ella- ideay Estebanita ahora me ganaste, -dirigiéndose a la otra anciana que ya estaba sentada con una voz un poco arrastrada y gutural- Que le parece doña Chica, hice las compras temprano -le contestó- amaneció lloviendo a cantaros, yo pensé que no iba poder hacer mis compras para llevarlas a Sébaco. -Siguió diciendo-

Café caliente, pan con mantequilla, buenos días doña Estebanita, buenos días doña Chica, ¿me van a querer marchante?
 
Anécdota de un viaje.

Voy para Matagalpa temprano, llego a la terminal de buses -si es que se puede llamar así- ubicada en el Mercado Municipal de Masaya El bus de colores pintorescos, algo viejo -por no decir muy viejo- todos los asientos tapizados de cuerina negra evidentemente recién construidos, nada que ver con los originales. Rodeado de mercaderes que apenas dan paso a que pase un vehículo.

Canastos de bambú llenos de pitahayas, piñas, aguacates, icacos, guabas, mangos de distintas variedades, ayotes, pipianes, chayotes, caimitos, naranjas, limones, frijoles, zanahorias en fin, incontables productos.

Dentro del bus, una anciana, claramente de origen indígena, con su pelo canoso enrollado y amarrado terminando en una moña; en sus sienes un parche a cada lado de quien sabe qué, y de su pecho colgando un escapulario café; única pasajera, a su lado un cesto de bambú con su aro, dentro del cesto aguacates, una piña de mamón, y unos cuantos bananos.

Me siento inmediatamente detrás de la anciana. Al momento con difultad para subir -pues son como tres gradas desde el suelo lodoso- entra otra anciana, también de origen indígena, un poco encorvada, cargando una bolsa de plástico transparente conteniendo al menos 20 bollos de pan, detrás de ella sube el colector quien le ayuda a colocar el pan en la canastera interior. Gracias hijo -le dice ella- ideay Estebanita ahora me ganaste, -dirigiéndose a la otra anciana que ya estaba sentada con una voz un poco arrastrada y gutural- Que le parece doña Chica, hice las compras temprano -le contestó- amaneció lloviendo a cantaros, yo pensé que no iba poder hacer mis compras para llevarlas a Sébaco. -Siguió diciendo-

Café caliente, pan con mantequilla, buenos días doña Estebanita, buenos días doña Chica, ¿me van a querer marchante?
Perdóname, me ha gustado mucho el relato, pero no comprendo el desenlace. ¿ Serías tan amable de explicármelo?.
Saludos.
Jazmín
 
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