Al borde del destino que me llama como un lago
esquivando los crueles asfodelos y los viejos lagartos verdes que me acechan
recorro las caminadas huellas de mi huida
y espero que mi reloj me señale el norte exacto de las doce.
Abluciones y súplicas me mantienen los pies descalzos
y los rumores de la guerra se acompasan con el ritmo de mi corazón de fiera
sigo el camino que la tentación me marca y espero encontrarme en su final conmigo
allí está el barco de la vida o la barca de Caronte, bífido punto de partida.
Cuadernas podridas sujetan apenas los árboles de la infancia
y una ventana se abre dejando escapar el aire fétido de mi muerte
vuelo volcado sobre mi ala derecha y encomiendo mi rumbo al azar amigo
sobre el equívoco desierto compañero de mis dislocados éxodos.
Viajero de la noche acompañando al otro yo de mi inocencia
desplazado hacia occidente en inútil reclamo de perdones
me revisto con los hábitos cuajados de lentejuelas y actúo nuevamente.
Las multitudes me abren paso y me aclaman en el templo.
Mi alma sin embargo se retuerce como un pergamino abrasado por el fuego
y en su hueco anidan estantiguas y corceles no domados por la fe.
Soy yo mismo disfrazado y cubierto con la máscara de la lepra
Soy yo mismo descifrando el incuestionable acertijo de mi vida.
Ilust.: "Auprès des sables" Yves Tanguy.
esquivando los crueles asfodelos y los viejos lagartos verdes que me acechan
recorro las caminadas huellas de mi huida
y espero que mi reloj me señale el norte exacto de las doce.
Abluciones y súplicas me mantienen los pies descalzos
y los rumores de la guerra se acompasan con el ritmo de mi corazón de fiera
sigo el camino que la tentación me marca y espero encontrarme en su final conmigo
allí está el barco de la vida o la barca de Caronte, bífido punto de partida.
Cuadernas podridas sujetan apenas los árboles de la infancia
y una ventana se abre dejando escapar el aire fétido de mi muerte
vuelo volcado sobre mi ala derecha y encomiendo mi rumbo al azar amigo
sobre el equívoco desierto compañero de mis dislocados éxodos.
Viajero de la noche acompañando al otro yo de mi inocencia
desplazado hacia occidente en inútil reclamo de perdones
me revisto con los hábitos cuajados de lentejuelas y actúo nuevamente.
Las multitudes me abren paso y me aclaman en el templo.
Mi alma sin embargo se retuerce como un pergamino abrasado por el fuego
y en su hueco anidan estantiguas y corceles no domados por la fe.
Soy yo mismo disfrazado y cubierto con la máscara de la lepra
Soy yo mismo descifrando el incuestionable acertijo de mi vida.
Ilust.: "Auprès des sables" Yves Tanguy.