Sigifredo Silva Rodríguez
Poeta adicto al portal
Hastiado de tanta incomprensión y alejado, por su propia decisión, del mundo que lo rodeaba, un hombre se lanzó de un edificio de varios pisos para acabar de una vez por todas con ese estado de ánimo que laceraba su alma; pero al pasar, velozmente en caída libre, por el primer piso, de arriba hacia abajo, vio como unos padres jugaban con sus hijos; en el siguiente observó como unos ancianos eran bien atendidos por un personal de paramédicos, notándose en sus rostros alegría, gratitud y amor por la vida; en el tercero miró como unos perros jugaban con unos gatos de manera graciosa. Al analizar todas estas escenas, dijo para sus adentros: -"Sinceramente que la vida vale la pena de ser vivida hasta el último instante, pero en mi caso ya no hay remedio, en unos instantes me estrellaré contra el piso y volaré en mil pedazos". Pero a pocos metros de producirse el colapso fatal, acaeció algo inesperado. Se originó un vacío total entorno a ese ser, lo que dio como resultado que se anulara la fuerza gravitacional, fuerza de gravedad, dando como consecuencia que el hombre cayera al suelo sin lesionarse ni un hueso de su anatomía. Él no supo que fue lo que en ese momento sucedió, ni se lo explica aún; no sabe si fue un fenómeno natural o un milagro o mandato divino; lo único cierto es que desde ese momento el hombre cambió de actitud hacía con la vida, fue más agradecido con ella, más sociable, menos huraño.
Hoy vemos a nuestro hombre rodeado de una gran familia: mujer, hijos, nietos, sus padres, suegros y hasta perros, gatos y... muy feliz.
Hoy vemos a nuestro hombre rodeado de una gran familia: mujer, hijos, nietos, sus padres, suegros y hasta perros, gatos y... muy feliz.
Última edición: