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Desde el balcòn

Elisalle

Poetisa
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Al doblar la esquina de la avenida de los castaños, cuyo fruto no se come y que fueron motivos de juego con su niños cuando los llevaba al colegio, lo vio. Allí estaba su objetivo. Se alquilaba. Su sueño. Un departamento con balcón. No importaba que no fuera moderno. Los edificios antiguos tienen ese no sé qué, de antaño, con voces que susurran; pisadas de gacelas impertinentes; imaginaciones que inspiran y el balcón. Debía ser bueno estar allí, aunque no fuera tan espacioso. Lo adornaría con macetas. Iba a llenarlo de colores y vería la vida como siempre soñó. Desde una casa con balcón. En la suya, se montaba en el techo para mirar desde allí y el mundo cambiaba en todo sentido. Subió las escaleras, antiguas, pero lustrosas, con esa madera que no tienen las casas de hoy. Olía a pasado con limpieza presente. ¡Era genial! Fue hasta allí primero, al balcón y la vida le pareció infinita desde el tercer piso del edificio. Oh. Respiró el aire de la mañana casi otoñal y sintió la suave transparencia de la bondad, unida a la maldad. ¡Para qué estamos con cosas! En la vida todo está presente y ella quería la libertad de sus ojos ¡de su alma! y ver más allá, es decir, lo que de abajo no se ve... Que su observar no terminara en una pandereta, ni en un edificio contiguo, ni en una construcción cercana. No. Allí no iban a construir nada. ¡Cómo es que no lo vio antes! Después de algunos minutos de complacencia en el balcón, volvió al interior. Un living pequeño: cocina con espacio para una mesa, incluido el mueble para guardar, pintado en tono mantequilla. Un pasillo corto que llevaba al dormitorio iluminado, ¡es que no! Este daba a otro balcón, pero era más privado. No importaba. Lo adornaría igual y quién sabe, alguna vez, desde allí saludara a algún vecino, mientras miraba el verde desde la punta del cerro de su ciudad. El baño era increíble. Era más espacioso que las otras habitaciones. Claro. Era antiguo. Lo convertiría en otra sala de estar. ¡Había tanto para estar bien! Era regocijo todo su ser. En la vida formamos muchas casas, algunas imaginadas y otras de verdad. Volvió otra vez al balcón. La dueña dijo que bajaría. Que revisara todo, tranquila. Pero si no había nada más que revisar. El patio de luz era perfecto para secar la ropa. Ese balcón era para sentirse estrella de cine; Julieta, Rapuncel y lo más importante ¿Lo más importante? Desde allí vería lo que muchos no ven. Ella necesitaba ver lo que muchos no ven.
Lo más importante era el balcón. Bastaría con él y nada más. ¡Exagerada! Dio la última mirada a ese lugar soñado que sería su hogar en cuanto tuviera su equipaje listo. No necesitaba tanto y de a poco vería qué faltaba. ¡Qué felicidad! De pronto, ¡un ruido! Su gata echaba abajo todo lo que encontraba en el velador. Despertó...


Elisalle
Julio/2018
 

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Los sueños muchas veces nos hacen ver lo que los demás no ven y el corazón anhela en lo más intimo, una maravillosa descripción dela casa de los sueños pero más importante aún de lo que el alma quiere, maravillosa prosa, saludos Alex
 
Los sueños muchas veces nos hacen ver lo que los demás no ven y el corazón anhela en lo más intimo, una maravillosa descripción dela casa de los sueños pero más importante aún de lo que el alma quiere, maravillosa prosa, saludos Alex
Què lindo que vienes a este apartado en que casi nadie visita. Sòlo a quienes nos gusta la narrativa.
Llevas razòn. La mayorìa de las veces nuestros sueños reflejan lo que en la realidad anhelamos
o algo que es preocupaciòn, angustia, etc. Todo se va al inconsciente. Muchas gracias por leer.
Te deseo un feliz domingo y por ahì te busco. Un abrazo.
 


Al doblar la esquina de la avenida de los castaños, cuyo fruto no se come y que fueron motivos de juego con su niños cuando los llevaba al colegio, lo vio. Allí estaba su objetivo. Se alquilaba. Su sueño. Un departamento con balcón. No importaba que no fuera moderno. Los edificios antiguos tienen ese no sé qué, de antaño, con voces que susurran; pisadas de gacelas impertinentes; imaginaciones que inspiran y el balcón. Debía ser bueno estar allí, aunque no fuera tan espacioso. Lo adornaría con macetas. Iba a llenarlo de colores y vería la vida como siempre soñó. Desde una casa con balcón. En la suya, se montaba en el techo para mirar desde allí y el mundo cambiaba en todo sentido. Subió las escaleras, antiguas, pero lustrosas, con esa madera que no tienen las casas de hoy. Olía a pasado con limpieza presente. ¡Era genial! Fue hasta allí primero, al balcón y la vida le pareció infinita desde el tercer piso del edificio. Oh. Respiró el aire de la mañana casi otoñal y sintió la suave transparencia de la bondad, unida a la maldad. ¡Para qué estamos con cosas! En la vida todo está presente y ella quería la libertad de sus ojos ¡de su alma! y ver más allá, es decir, lo que de abajo no se ve... Que su observar no terminara en una pandereta, ni en un edificio contiguo, ni en una construcción cercana. No. Allí no iban a construir nada. ¡Cómo es que no lo vio antes! Después de algunos minutos de complacencia en el balcón, volvió al interior. Un living pequeño: cocina con espacio para una mesa, incluido el mueble para guardar, pintado en tono mantequilla. Un pasillo corto que llevaba al dormitorio iluminado, ¡es que no! Este daba a otro balcón, pero era más privado. No importaba. Lo adornaría igual y quién sabe, alguna vez, desde allí saludara a algún vecino, mientras miraba el verde desde la punta del cerro de su ciudad. El baño era increíble. Era más espacioso que las otras habitaciones. Claro. Era antiguo. Lo convertiría en otra sala de estar. ¡Había tanto para estar bien! Era regocijo todo su ser. En la vida formamos muchas casas, algunas imaginadas y otras de verdad. Volvió otra vez al balcón. La dueña dijo que bajaría. Que revisara todo, tranquila. Pero si no había nada más que revisar. El patio de luz era perfecto para secar la ropa. Ese balcón era para sentirse estrella de cine; Julieta, Rapuncel y lo más importante ¿Lo más importante? Desde allí vería lo que muchos no ven. Ella necesitaba ver lo que muchos no ven.
Lo más importante era el balcón. Bastaría con él y nada más. ¡Exagerada! Dio la última mirada a ese lugar soñado que sería su hogar en cuanto tuviera su equipaje listo. No necesitaba tanto y de a poco vería qué faltaba. ¡Qué felicidad! De pronto, ¡un ruido! Su gata echaba abajo todo lo que encontraba en el velador. Despertó...


Elisalle
Julio/2018

Que lindo relato con una mezcla de sensaciones de placer en los distintos lugares de esa vivienda y finalmente el gozo del balcón, la ventana a tantas cosas. Un precioso sueño con ganas que se convierta en realidad. Me gustó mucho mi querida Margarita, saludos cariñosos
 
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