Lirae
Poeta que considera el portal su segunda casa
En las ciudad de los sepulcros,
también se esparcen pétalos de rosas.
Rosas que han sido las delicias de los ojos pasajeros de algunos
La caricia de las pieles de los enamorados
El aroma de las estancias mas queridas
que al amor con frecuencia evocan.
Los versos que son acariciados sin espinas,
que lánguidos nacen de los labios del poeta
Existen las melodías odiosas
de los réquiem que a a algunos enamora.
Músicos sin alma que componen bellas prosas
y se entregan a los romances de la Doña cuando toca
La tierra también es su aliada,
para arrullar los huesos que la mantienen.
Resguardan la podredumbre y de ella se sustenta.
Y empieza entonces el amor,
entre la necesidad de la vida
y la realidad de la muerte.
¡Muerte por qué apagas mi poca luz,
si de sol mi alma ha vivido ausente!
¡Vida, porque solo yo te amo tanto como para retenerte!
¡No se que me ocurre muerte,
que sin amarte me hundo cada vez más en tu simiente!
¡Ámame vida, ámame como a ti misma!
¡Clavame las rosas de tus espinas
y yo te daré a cambio la mejor música de réquiem!
Te alimentarás de mi melodía...
Plantaremos juntas un jardín
de arboles perdidos,
de flores de esperanza.
Donde los colores y fragancias,
darán rienda suelta a la mente del poeta
y este por ventura
podrá narrarnos y juntarnos
y nos amaremos más allá de una tumba inerte…
Y yo te narro muerte,
llena de vida,
bajo un cielo que me cubre
y sobre una tierra que me imanta…
SHA.