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Por la casa de los gatos.

Dark_Fairy

Poeta que considera el portal su segunda casa
(Truenos aún con el sol en todo su esplendor).

En una callejuela angosta con casas
disparejas, hay una color gris con las
rosas hambrientas y minúsculas, donde
los niños siempre observan.

Los niños cuando voltean para adentro
esperan ver un retrato, pero hablan
de un alíen, nunca dejan entrar a sus
amiguitos, pues adentro hay muchos
animales.

Las cortinas rojas, son gruesas y esos
niños no contestan, su mamá está
ahí dentro, guardada en una bolsa de
avena, su mamá es muy alta, sin cabellos
por eso no sale, ni nadie entra, su mamá
se baña con fragmentos de fierro.

En una estrecha calle, por donde amanezca
a las siete se asoman ojos enormes, raros
y se escucha como la madre come, mastica
cemento, bebe agua de limón con alacranes.

Las manos de la madre son huesudas y
tétricas, las piernas son tubos que le
incrustaron en las caderas, no tiene
intestinos, dan muchos problemas.

La mamá tiene juguetes de plástico
amontonados en la habitación fea
ropa de siglos, de cuando era lagarto
de cuando vivía en los barrancos
ella vive en la casa sin banqueta,
donde hay cochera, vive casi
en la esquina, donde la lila
se murió en la tormenta.

La mamá guarda en la mochila
cosas secretas, los niños no saben
que si a veces comen chuletas, son
de gente que no cumplió las promesas.

Ella estalla con el ruido, se le abre
la cabeza, de ahí salen mariposas
lombrices y ratas muertas.

Los niños la muestran, y cuando la
llevan al festival a su escuela, le ponen
de cabello los alambres del trapeador, le
ponen un vestido negro, lo pintaron con
marcador.

Ella vive rumbo a la petrolera
ella vive casi en los puentes, vive
a la mitad en una ruina, bonita
por fuera, con hoyos por dentro
vive por donde no hay pavimento
por la casa de los gatos.

La mamá se asoma por la ventana
de la esquina, no tiene nariz por eso
no huele el hedor de la herida.

Los niños siempre observan el cielo
pensando en cualquier tema, y
de todos modos cuando duermen
la mamá los tapa y se arropa junto
a ellos.

Ellos la aman, aunque sea un espectro.

(Lluvia aún con sol, gotas gruesas que agujeran la tierra, y durante cinco minutos, el iniverno ya no llega bien al desierto).



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(Truenos aún con el sol en todo su esplendor).

En una callejuela angosta con casas
disparejas, hay una color gris con las
rosas hambrientas y minúsculas, donde
los niños siempre observan.

Los niños cuando voltean para adentro
esperan ver un retrato, pero hablan
de un alíen, nunca dejan entrar a sus
amiguitos, pues adentro hay muchos
animales.

Las cortinas rojas, son gruesas y esos
niños no contestan, su mamá está
ahí dentro, guardada en una bolsa de
avena, su mamá es muy alta, sin cabellos
por eso no sale, ni nadie entra, su mamá
se baña con fragmentos de fierro.

En una estrecha calle, por donde amanezca
a las siete se asoman ojos enormes, raros
y se escucha como la madre come, mastica
cemento, bebe agua de limón con alacranes.

Las manos de la madre son huesudas y
tétricas, las piernas son tubos que le
incrustaron en las caderas, no tiene
intestinos, dan muchos problemas.

La mamá tiene juguetes de plástico
amontonados en la habitación fea
ropa de siglos, de cuando era lagarto
de cuando vivía en los barrancos
ella vive en la casa sin banqueta,
donde hay cochera, vive casi
en la esquina, donde la lila
se murió en la tormenta.

La mamá guarda en la mochila
cosas secretas, los niños no saben
que si a veces comen chuletas, son
de gente que no cumplió las promesas.

Ella estalla con el ruido, se le abre
la cabeza, de ahí salen mariposas
lombrices y ratas muertas.

Los niños la muestran, y cuando la
llevan al festival a su escuela, le ponen
de cabello los alambres del trapeador, le
ponen un vestido negro, lo pintaron con
marcador.

Ella vive rumbo a la petrolera
ella vive casi en los puentes, vive
a la mitad en una ruina, bonita
por fuera, con hoyos por dentro
vive por donde no hay pavimento
por la casa de los gatos.

La mamá se asoma por la ventana
de la esquina, no tiene nariz por eso
no huele el hedor de la herida.

Los niños siempre observan el cielo
pensando en cualquier tema, y
de todos modos cuando duermen
la mamá los tapa y se arropa junto
a ellos.

Ellos la aman, aunque sea un espectro.

(Lluvia aún con sol, gotas gruesas que agujeran la tierra, y durante cinco minutos, el iniverno ya no llega bien al desierto).



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hoy en día nos da más miedo los vivos, que los muertos y más aquellos que fingen intuir miedo, hemos cambiado mucho, grato leerte guapa, besos
 
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