danie
solo un pensamiento...
Abnegados
nacemos de la esperanza cóncava
que derrocha algún dios
al mear sus últimas cervezas sobre el lodo.
Con ojos ciegos
de genoma prehistórico de cucaracha
profesamos
la palabra que nos envenena,
la razón innata que transita
en nuestra lengua con su bisturí del ansia.
Pasaron cientos de años
y las montañas, los campos de trigo,
las reses y los prados no fuiste tú.
Cristo vomita su silencio desde la cruz
y tampoco lo oímos.
¡Replay!
Encendemos el tocadiscos y
nos dormimos
con la séptima sinfonía de Shostakóvich
“Leningrado en do mayor”.
Reordenamos los cajones del mundo,
aunque quedaron flashes y restos de heces
allí abajo…
Encendemos las bombillas de la noche.
Luces que avanzan cegando
hasta las ciudades, rutas, casas, dormitorios
con la idea de un complot.
¡Replay!
Volvemos al antiguo cassettee de cinta,
pero nos olvidamos de rebobinarlo, no
creímos necesario hacerlo;
pensamos más en la materia y el átomo.
Nos sentamos enfrente del TV
y bajamos la térmica de la sien
repitiendo
el lema navideño de Coca Cola
“ tú eres el ombligo del universo,
el universo es por ti”.
¡Replay!
Almacenamos los espectros idiotas
del hallazgo
las latitas de speed aplastadas,
la grasa de un bistec envuelta en papel de aluminio,
las bolsas saborizadas de Knorr,
las etiquetas vacías de Marlboro…
La idea de que la tierra es un resorte orbital,
que Góngora es una pasta italiana,
que Picasso es sólo auto con forma de escarabajo…
en un Pendrive de 2 millones de GB.
Llenamos de quimioterapia el mundo
con la esperanza de salvar a las ballenas,
para tener una fuente alterna de aceite.
Y cuando, en vana suposición, pensamos
en hacer algo bien
un átomo emite un fotón…
Un hongo de sombras
por lo que queda del mundo.
¡Replay!
Para aburrir a otro mundo…
abnegados
nacemos, nuevamente, de la esperanza cóncava
que derrocha algún dios
al mear sus últimas cervezas sobre el lodo.
nacemos de la esperanza cóncava
que derrocha algún dios
al mear sus últimas cervezas sobre el lodo.
Con ojos ciegos
de genoma prehistórico de cucaracha
profesamos
la palabra que nos envenena,
la razón innata que transita
en nuestra lengua con su bisturí del ansia.
Pasaron cientos de años
y las montañas, los campos de trigo,
las reses y los prados no fuiste tú.
Cristo vomita su silencio desde la cruz
y tampoco lo oímos.
¡Replay!
Encendemos el tocadiscos y
nos dormimos
con la séptima sinfonía de Shostakóvich
“Leningrado en do mayor”.
Reordenamos los cajones del mundo,
aunque quedaron flashes y restos de heces
allí abajo…
Encendemos las bombillas de la noche.
Luces que avanzan cegando
hasta las ciudades, rutas, casas, dormitorios
con la idea de un complot.
¡Replay!
Volvemos al antiguo cassettee de cinta,
pero nos olvidamos de rebobinarlo, no
creímos necesario hacerlo;
pensamos más en la materia y el átomo.
Nos sentamos enfrente del TV
y bajamos la térmica de la sien
repitiendo
el lema navideño de Coca Cola
“ tú eres el ombligo del universo,
el universo es por ti”.
¡Replay!
Almacenamos los espectros idiotas
del hallazgo
las latitas de speed aplastadas,
la grasa de un bistec envuelta en papel de aluminio,
las bolsas saborizadas de Knorr,
las etiquetas vacías de Marlboro…
La idea de que la tierra es un resorte orbital,
que Góngora es una pasta italiana,
que Picasso es sólo auto con forma de escarabajo…
en un Pendrive de 2 millones de GB.
Llenamos de quimioterapia el mundo
con la esperanza de salvar a las ballenas,
para tener una fuente alterna de aceite.
Y cuando, en vana suposición, pensamos
en hacer algo bien
un átomo emite un fotón…
Un hongo de sombras
por lo que queda del mundo.
¡Replay!
Para aburrir a otro mundo…
abnegados
nacemos, nuevamente, de la esperanza cóncava
que derrocha algún dios
al mear sus últimas cervezas sobre el lodo.
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