Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa

(Fotografía de Luis Á. Ruiz Peradejordi)
En un rincón de la calle. Mirador, que nos habla de gentes que en el tiempo detenido se asoman a la vieja Rúa para ver pasar a otros. Paisaje humano, de gentes que pasean sus prisas, sus amores, sus deseos, sus preocupaciones.
Corredor a la calle, ventanas de luz abiertas en cristales al sol de la mañana. Aire antiguo, de tiempos que van pasando, que permanecen entre nosotros como si fuesen un recuerdo de épocas que se han ido.
A veces, en el marco de la ventana se dibuja la silueta de una anciana. Cabellos de plata que se recogen en un moño. Pendientes de azabache. Una mirada curiosa, que, a pesar de los años, sigue teniendo curiosidad, afán de ver horas nuevas. Anciana como la casa que habita. Serenidad en el rostro de matrona clásica, perfil de patricia romana.
Años que van limitando el barrio viejo que se resiste a sucumbir bajo el empuje de la nueva arquitectura, que apuesta ahora por lo efímero, frente al deseo de permanencia de estas casas que se construyeron para gentes que las han vivido, apurándolas, convirtiéndolas en parte de sí mismas.
Alguna vez una paloma urbana se aventura a posarse en el marco, reflejándose en el espejo que la luz forma con los cristales. Es como un embrujo que la ilusión de la tarde pone en la ventana.
Galería, como museo del existir que ha visto pasar enfrente. Retazos de historia que han quedado prendidos en los ganchos, en los vidrios, en las sombras que se han ido turnando para revestirla en cada momento.
Ventana vieja. Ventana de otro tiempo. Ventana que es como ojos de la casa. Ojos de tanto mirar ya cansados, más interesados en el pasado, en los recuerdos que habitan en sus rincones, que en el futuro que se asoma por encima de su tejado.
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