Finé
La eterna novata
Solo sexo
Me he dibujado desnuda, echada sobre el torno de un alfarero. Como dormida, me he cerrado los ojos.
Son las siete de la tarde y él acaba de marcharse. Tres horas de sexo conmigo, solo sexo.
Me pidió, ayer, que le esperara tentadora. Jugué con sus sensaciones un rato en aquella conversación, porque supuse -como si él me conociera- que le costaba imaginarme así. A mí, que jamás acepto un amante.
Antes de que llegara bebí, intentando calcar un rito, tres copas escocidas de Cutty Sark, recuerdo, en botella y aburrido, de las navidades pasadas. Quería estar suelta, puta.
Se marchó muy satisfecho, así que sospecho que lo estuve. Condujo el deleitado una hora y media hasta su esposa, seguramente tarareando en el coche alguna canción favorita. Así le imaginé cuando estaba como dormida.
Y antes, mucho antes de que llegara, meses, quizá dos años, el despecho iba colmando mi vaso hasta hacerme aceptar mi condición de "solo para sexo".
Esta última gota me refiere, ahora que son casi las nueve, que acaba de llegar a Jaén. Así, en un mensaje al móvil que perece rematado por una emotiva cara amarilla, lanzadora, sin previo aviso, de besos con forma de corazón.
Y finjo estar tranquila, y me cubro las caderas para guardar mis vergüenzas, a salvo - este fue el consejo- de naufragios emocionales.
Me he dibujado desnuda, echada sobre el torno de un alfarero. Como dormida, me he cerrado los ojos.
Son las siete de la tarde y él acaba de marcharse. Tres horas de sexo conmigo, solo sexo.
Me pidió, ayer, que le esperara tentadora. Jugué con sus sensaciones un rato en aquella conversación, porque supuse -como si él me conociera- que le costaba imaginarme así. A mí, que jamás acepto un amante.
Antes de que llegara bebí, intentando calcar un rito, tres copas escocidas de Cutty Sark, recuerdo, en botella y aburrido, de las navidades pasadas. Quería estar suelta, puta.
Se marchó muy satisfecho, así que sospecho que lo estuve. Condujo el deleitado una hora y media hasta su esposa, seguramente tarareando en el coche alguna canción favorita. Así le imaginé cuando estaba como dormida.
Y antes, mucho antes de que llegara, meses, quizá dos años, el despecho iba colmando mi vaso hasta hacerme aceptar mi condición de "solo para sexo".
Esta última gota me refiere, ahora que son casi las nueve, que acaba de llegar a Jaén. Así, en un mensaje al móvil que perece rematado por una emotiva cara amarilla, lanzadora, sin previo aviso, de besos con forma de corazón.
Y finjo estar tranquila, y me cubro las caderas para guardar mis vergüenzas, a salvo - este fue el consejo- de naufragios emocionales.
Última edición: