Javier Alánzuri
Poeta que considera el portal su segunda casa
A Laly, con cariño, por su incesante reparto de sonrisas.
Una tarde de invierno paseaba
con mi abuelo en un parque
cuando, de golpe, se quedó parado
y comenzó a decirme susurrando...
"Escucha, Javi... ¿sabes que a los sabios
sonreír les parece
la mejor cualidad
que tienen nuestros labios?
Y mira que contraste…
porque a los de carácter muy, muy serio,
sonreír les parece un sacrilegio."
Yo me quedé pasmado, sin saber que opinar.
Los ojos le brillaban mientras una sonrisa
afloraba en su rostro.
Siempre me sorprendía con sus cosas
cuando no lo esperaba,
como un mago al sacar de la chistera
un conejito blanco.
Y seguía sonriendo, divertido,
así que pregunté…
¿y tú?… ¿qué opinas de ella?
Entonces… me miró
fijamente apoyando las dos manos
con mucha suavidad sobre mis hombros...
"pues Javi, la sonrisa…
...es como una corriente de aire fresco
en los interminables
y sofocantes días de verano....
...un osado velero
navegando en un mar enfurecido…
...el repentino arco iris
que aparece en un cielo gris y triste...
... el arroyo en un páramo desértico...
... y además, nos regala
paz, bienestar y calma.
De pronto, levantó
sus arrugadas manos
frotándoselas con mucha energía,
y me dijo… "¡hala!, venga, que hace frío,
vayamos a tomar un chocolate
bien caliente con churros."
Mientras ya oscurecía,
nos fuimos caminando despacito
hasta la churrería sin dejar
de sonreír durante el recorrido.
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