nesbith
EL MONSTRUO DEL LAGO.
La última vez que vi
un cuerpo tan delicioso
estaba con sus pícaros ojos
inchados luciendo un precioso
color púrpura,
sus albar muñecas
dormían apacibles
atadas a los descansabrazos
con alambre de púas
que velaban su volátil sueño,
su cuerpo caliente y desnudo
desprendía vapor fragante
que mis ansiosas fosas nasales
aspiraban con desenfreno
(celosas de que su fino aroma
se perdiera entre los ténues
e impuros rayos de luz
que iluminaban medianamente
la choza húmeda).
Su largo y fino cabello bruno
caía magestuosamente
sobre su latigueada espalda
y sus pechos
(el color de sus pezones era una extención de la noche susurrante)
de los cuales
lágrimas escarlatas caían
a descansar entre sus piernas,
(confieso que esas lágrimas
son el bocado más dulce
que mi lengua ha degustado).
La última vez que vi un cuerpo así
¡¡¡No me pude contener,
rompí en llanto!!!
y me abalanzé sobre él
(la sinfonía de sus gritos de agonía
sazonaban gloriosamente
la carne de su vientre
que se derretía en mis dientes
de lo blandita que estaba
y sus huesos
¡Oh sus huesos!
crujían tan armoniosamente
como sus dientes...),
aún tengo fresco ese recuerdo
y bendigo al destino
que justamente hoy
he vuelto a ver un cuerpo así
(la emoción se apodera de mí
pues la caza comienza de nuevo
y una preciosa memoria
se quedará en mí
de más de una manera)...
.
un cuerpo tan delicioso
estaba con sus pícaros ojos
inchados luciendo un precioso
color púrpura,
sus albar muñecas
dormían apacibles
atadas a los descansabrazos
con alambre de púas
que velaban su volátil sueño,
su cuerpo caliente y desnudo
desprendía vapor fragante
que mis ansiosas fosas nasales
aspiraban con desenfreno
(celosas de que su fino aroma
se perdiera entre los ténues
e impuros rayos de luz
que iluminaban medianamente
la choza húmeda).
Su largo y fino cabello bruno
caía magestuosamente
sobre su latigueada espalda
y sus pechos
(el color de sus pezones era una extención de la noche susurrante)
de los cuales
lágrimas escarlatas caían
a descansar entre sus piernas,
(confieso que esas lágrimas
son el bocado más dulce
que mi lengua ha degustado).
La última vez que vi un cuerpo así
¡¡¡No me pude contener,
rompí en llanto!!!
y me abalanzé sobre él
(la sinfonía de sus gritos de agonía
sazonaban gloriosamente
la carne de su vientre
que se derretía en mis dientes
de lo blandita que estaba
y sus huesos
¡Oh sus huesos!
crujían tan armoniosamente
como sus dientes...),
aún tengo fresco ese recuerdo
y bendigo al destino
que justamente hoy
he vuelto a ver un cuerpo así
(la emoción se apodera de mí
pues la caza comienza de nuevo
y una preciosa memoria
se quedará en mí
de más de una manera)...
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