Ton Rodriguez
Poeta asiduo al portal
A la fiesta de los cuentos
llegaron los invitados…
la bruja Maruja
vestida de bruja mala,
y el mago Santiago
vestido de vago
con traje de gala;
también el gigante
menguante llegó
bebiendo cerveza,
con un gran turbante
en su enorme cabeza.
Y llegó,
también el conejo,
tan viejo, tan sabio
con un gran reloj
y un astrolabio.
Y el hada madrina,
helada de frío,
con escalofríos,
y una gabardina,
-tomó una aspirina-.
El pollo repollo
con su pío, pío,
decía a su mami
¡que frío, qué frío!
y un gallo cegato
con gorra de plato
y su quiquiriquí,
guiaba a Don Gato,
¡por aquí, por aquí…!
y por allí iba Don Gato
sonriente y feliz.
El lobo Jacobo
tocaba la flauta
montado en un globo
como un astronauta;
y el soldado de plomo
con alto copete
toca el clarinete
en clave de sol,
y en clave de luna
toca el saxofón.
Seguía la fiesta.
En un triciclo llegaron
los tres cerditos,
y en una furgoneta blanca
siete enanitos,
siete enanitos, siete,
que van cantando,
y alguno de los siete,
desafinando.
Orgullosa llega,
la cigarra,
con un cigarro
y la hormiga espera,
desesperada,
¡está en el paro!.
También llegó, ¡qué sorpresa!
cenicienta en zapatillas
con chándal de lentejuelas,
más que elegante, o sencilla,
más que octava maravilla,
parecía poligonera.
Y la princesita
vestida de tul,
¡ahí va que lujo!
y un príncipe blanco
vestido de azul
como un pitufo.
Y caperucita,
tan triste,
vestida de rosa,
porque en un despiste
quedó desteñida
su capita roja.
y llegó, al final, de propina,
muy mal maquillada,
Blancanieves,
parecía que el hada madrina
ese día descansaba,
¡era jueves!.
Y llegaron más,
muchos más,
eran tantos
que no los recuerdo,
sólo sé que esa noche
quedaron vacíos
los libros de cuentos.
Ton Rodríguez
llegaron los invitados…
la bruja Maruja
vestida de bruja mala,
y el mago Santiago
vestido de vago
con traje de gala;
también el gigante
menguante llegó
bebiendo cerveza,
con un gran turbante
en su enorme cabeza.
Y llegó,
también el conejo,
tan viejo, tan sabio
con un gran reloj
y un astrolabio.
Y el hada madrina,
helada de frío,
con escalofríos,
y una gabardina,
-tomó una aspirina-.
El pollo repollo
con su pío, pío,
decía a su mami
¡que frío, qué frío!
y un gallo cegato
con gorra de plato
y su quiquiriquí,
guiaba a Don Gato,
¡por aquí, por aquí…!
y por allí iba Don Gato
sonriente y feliz.
El lobo Jacobo
tocaba la flauta
montado en un globo
como un astronauta;
y el soldado de plomo
con alto copete
toca el clarinete
en clave de sol,
y en clave de luna
toca el saxofón.
Seguía la fiesta.
En un triciclo llegaron
los tres cerditos,
y en una furgoneta blanca
siete enanitos,
siete enanitos, siete,
que van cantando,
y alguno de los siete,
desafinando.
Orgullosa llega,
la cigarra,
con un cigarro
y la hormiga espera,
desesperada,
¡está en el paro!.
También llegó, ¡qué sorpresa!
cenicienta en zapatillas
con chándal de lentejuelas,
más que elegante, o sencilla,
más que octava maravilla,
parecía poligonera.
Y la princesita
vestida de tul,
¡ahí va que lujo!
y un príncipe blanco
vestido de azul
como un pitufo.
Y caperucita,
tan triste,
vestida de rosa,
porque en un despiste
quedó desteñida
su capita roja.
y llegó, al final, de propina,
muy mal maquillada,
Blancanieves,
parecía que el hada madrina
ese día descansaba,
¡era jueves!.
Y llegaron más,
muchos más,
eran tantos
que no los recuerdo,
sólo sé que esa noche
quedaron vacíos
los libros de cuentos.
Ton Rodríguez
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