nesbith
EL MONSTRUO DEL LAGO.
Extraño los verdes prados
el frescor de la hierva al anadar
la pureza de la luz
que hacía danzar las sombras
de los árboles infinitos,
pisar la blanda tierra
haciendo volar los dientes de león
y el dulce olor a flores nuevas.
Recuerdo como al atardecer
el cielo se vestía de naranja
su cuerpo entero era surcando
por bandadas de aves multicolor
que llenaban cada rincón con sus ruidos estridentes,
luego de la tormenta de plumas
el firmamento se desnudaba
revelando sus refulgentes pezones
-estrellas más bellas no he vuelto a ver-.
Hoy la Dama de negro
es quien luce su esplendor
su largo vestido cubre la tierra
ocultando hierbas y flores,
su largo cabello
ha estrangulado las aves
el eco del silencio mora en el lugar
la esbelta y fría Dama
ha desprovisto de vida los prados.
Los acantilados vierten sus rocas
y su frió aire sobre mí,
mi Dama vuelca sobre mi pecho
sus espesos besos de hiel
sus lánguidas manos
dibujan sobre mis brazos pentagramas rojos...
Después de todo
al fin tengo a alguien que me toque.
el frescor de la hierva al anadar
la pureza de la luz
que hacía danzar las sombras
de los árboles infinitos,
pisar la blanda tierra
haciendo volar los dientes de león
y el dulce olor a flores nuevas.
Recuerdo como al atardecer
el cielo se vestía de naranja
su cuerpo entero era surcando
por bandadas de aves multicolor
que llenaban cada rincón con sus ruidos estridentes,
luego de la tormenta de plumas
el firmamento se desnudaba
revelando sus refulgentes pezones
-estrellas más bellas no he vuelto a ver-.
Hoy la Dama de negro
es quien luce su esplendor
su largo vestido cubre la tierra
ocultando hierbas y flores,
su largo cabello
ha estrangulado las aves
el eco del silencio mora en el lugar
la esbelta y fría Dama
ha desprovisto de vida los prados.
Los acantilados vierten sus rocas
y su frió aire sobre mí,
mi Dama vuelca sobre mi pecho
sus espesos besos de hiel
sus lánguidas manos
dibujan sobre mis brazos pentagramas rojos...
Después de todo
al fin tengo a alguien que me toque.