UNCIÓN DEL TRÓPICO
El vacío saltó de nuevo
en una atroz acrobacia
desde tu corazón deshabitado
hasta los pentagramas cuajados de palmeras.
Mi alma acorralada
en aquel paisaje de ojos recién amanecidos
retuvo una última lágrima
colgada en la pestaña equivocada
de una mano izquierda.
Y de nuevo las nubes, en su vocación de cisnes,
secaron tu rostro y sus marfiles,
dejándolo en orden y aseado
para recibir las visitas imprevistas.
¡Cómo el danzón inspira los limones!
¡Cómo la tarde se disuelve en las fragancias
que desgrana la vieja pianola!
Trópico tríptico en el hibisco trilobulado,
en los pasos de danza que trazan las estatuas
dormidas bajo sus mármoles,
soñando, como Dafne, ser tocadas por Apolo
para servir de nidal a los héroes.
Los azules traban contienda con las infértiles arenas
mientras un súbito papagayo rompe la tarde
desde el pináculo del más florido jacarandá.
Llega premiosa la caravana de calesas
paseando a las bellezas entre prímulas en flor,
haciendo crujir a su paso el pavimento
de besos calcinados.
Lloran mansamente las estatuas
rechazadas sus ofrendas de asfodelos
por las bellas rumbeantes.
Queda el sol que florece entre sollozos
de los mármoles humedecidos.
Queda tu lágrima -o la mía-, insegura
de morir sin ser llamada.
Y la majestad del mar jurisconsulto
concedió el brillo y la órbita
a la lágrima colgada de la pestaña equivocada,
tu lagrima, en la que se fraguó
el postrer arcoiris de la tarde.
Ilust.: Joan Miró: "Le coq"
El vacío saltó de nuevo
en una atroz acrobacia
desde tu corazón deshabitado
hasta los pentagramas cuajados de palmeras.
Mi alma acorralada
en aquel paisaje de ojos recién amanecidos
retuvo una última lágrima
colgada en la pestaña equivocada
de una mano izquierda.
Y de nuevo las nubes, en su vocación de cisnes,
secaron tu rostro y sus marfiles,
dejándolo en orden y aseado
para recibir las visitas imprevistas.
¡Cómo el danzón inspira los limones!
¡Cómo la tarde se disuelve en las fragancias
que desgrana la vieja pianola!
Trópico tríptico en el hibisco trilobulado,
en los pasos de danza que trazan las estatuas
dormidas bajo sus mármoles,
soñando, como Dafne, ser tocadas por Apolo
para servir de nidal a los héroes.
Los azules traban contienda con las infértiles arenas
mientras un súbito papagayo rompe la tarde
desde el pináculo del más florido jacarandá.
Llega premiosa la caravana de calesas
paseando a las bellezas entre prímulas en flor,
haciendo crujir a su paso el pavimento
de besos calcinados.
Lloran mansamente las estatuas
rechazadas sus ofrendas de asfodelos
por las bellas rumbeantes.
Queda el sol que florece entre sollozos
de los mármoles humedecidos.
Queda tu lágrima -o la mía-, insegura
de morir sin ser llamada.
Y la majestad del mar jurisconsulto
concedió el brillo y la órbita
a la lágrima colgada de la pestaña equivocada,
tu lagrima, en la que se fraguó
el postrer arcoiris de la tarde.
Ilust.: Joan Miró: "Le coq"