selenschek manfred
Hijo de la Luna
Esa noche, era de tormenta, llovía a cántaros y la ventana de la habitación sé encendía y apagaba intermitente;
María también era tormenta, en cada rayo que caía, entre pasión y celos se abatía;
sólo pensaba en un momento de venganza y esta sería la noche perfecta.
La nueva mucama de la casa, joven y hermosa, esa noche no estaba pues María le había dado el día libre;
celosa se lo había concedido para tenderle una trampa a su marido, de quién sentía celos por tan hermosa mujer;
fue así, que María esa misma noche tomó el lugar de la casera y entro a su habitación,
donde también había tormenta y la ventana se encendía con cada rayo, que le arrancaba los deseos.
Se acicalo y perfumo con la misma fragancia de la chica, se tendió como odalisca sobre su cama
mientras remolinos y pensamientos se agolpaban sobre su pecho, bajando a su entrepierna como un tifón.
Fue así, que la perilla de la puerta, justo al toque de las doce de aquella noche, comenzó a girar al ritmo cardíaco de sus emociones;
todo fue tan rápido, que María sólo alcanzo a sentir a una bestia que de forma intempestiva irrumpió en su cuerpo, jadeante y caliente;
ella soltó sus dragones de fuego, tanto, que la tormenta de fuera parecía primavera;
el silencio se hizo tan enorme, sólo se escuchaban sonidos inusuales que salían al romper las olas del colchón,
sobre la cubierta de un barco que crujía sus patas al brincar sobre el piso de ese cuarto;
de pronto, sobre esa línea de tiempo que queda entre la vida y la muerte, María ya sin fuerzas y con sus últimos alientos pensaba:
! Y ahora que hago ! Ya no quiero vengarme ! ! Que le digo !
así con la poca energía que tenía encendió la lámpara halando la cadenita con la punta de sus dedos, deslizando su cuerpo sobre sedas;
! No esperabas que fuera yo verdad ! Dijo mientras miraba sorprendida,
a esto respondió su jardinero:
! pensé que usted era inalcanzable patrona !
y en medio de tal confusión ella sólo dijo:
jamás pensé que pudiera traicionarte.
María también era tormenta, en cada rayo que caía, entre pasión y celos se abatía;
sólo pensaba en un momento de venganza y esta sería la noche perfecta.
La nueva mucama de la casa, joven y hermosa, esa noche no estaba pues María le había dado el día libre;
celosa se lo había concedido para tenderle una trampa a su marido, de quién sentía celos por tan hermosa mujer;
fue así, que María esa misma noche tomó el lugar de la casera y entro a su habitación,
donde también había tormenta y la ventana se encendía con cada rayo, que le arrancaba los deseos.
Se acicalo y perfumo con la misma fragancia de la chica, se tendió como odalisca sobre su cama
mientras remolinos y pensamientos se agolpaban sobre su pecho, bajando a su entrepierna como un tifón.
Fue así, que la perilla de la puerta, justo al toque de las doce de aquella noche, comenzó a girar al ritmo cardíaco de sus emociones;
todo fue tan rápido, que María sólo alcanzo a sentir a una bestia que de forma intempestiva irrumpió en su cuerpo, jadeante y caliente;
ella soltó sus dragones de fuego, tanto, que la tormenta de fuera parecía primavera;
el silencio se hizo tan enorme, sólo se escuchaban sonidos inusuales que salían al romper las olas del colchón,
sobre la cubierta de un barco que crujía sus patas al brincar sobre el piso de ese cuarto;
de pronto, sobre esa línea de tiempo que queda entre la vida y la muerte, María ya sin fuerzas y con sus últimos alientos pensaba:
! Y ahora que hago ! Ya no quiero vengarme ! ! Que le digo !
así con la poca energía que tenía encendió la lámpara halando la cadenita con la punta de sus dedos, deslizando su cuerpo sobre sedas;
! No esperabas que fuera yo verdad ! Dijo mientras miraba sorprendida,
a esto respondió su jardinero:
! pensé que usted era inalcanzable patrona !
y en medio de tal confusión ella sólo dijo:
jamás pensé que pudiera traicionarte.
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