ludmila
Poeta veterano en el portal
Se acabó la musa inspiradora
y están las bocas rotas de palabras,
la lengua enmudece y se derraman
las prístinas estrellas de la noche.
Se durmió el corazón abastecido
en la almohada de la muerte,
se coagula lentamente
el padecer de la metáfora.
La sangre se endurece
en el corazón de las oscuras caracolas.
El amor perdió su recetario
y todas las páginas están amarillas.
Un sabor de agotada sonrisa aparece
y el cantar de los manjares
se disuelve en el humo letal de los carbones.
Cada vez que los ojos se abren
así anónimamente,
se ve un corcel que cabalga penitente.
Espero la señal que me incite a la memoria
y se dilata la tarde
como el beso que se detiene en la garganta.
y están las bocas rotas de palabras,
la lengua enmudece y se derraman
las prístinas estrellas de la noche.
Se durmió el corazón abastecido
en la almohada de la muerte,
se coagula lentamente
el padecer de la metáfora.
La sangre se endurece
en el corazón de las oscuras caracolas.
El amor perdió su recetario
y todas las páginas están amarillas.
Un sabor de agotada sonrisa aparece
y el cantar de los manjares
se disuelve en el humo letal de los carbones.
Cada vez que los ojos se abren
así anónimamente,
se ve un corcel que cabalga penitente.
Espero la señal que me incite a la memoria
y se dilata la tarde
como el beso que se detiene en la garganta.