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Tristemente...

ludmila

Poeta veterano en el portal
Se acabó la musa inspiradora

y están las bocas rotas de palabras,

la lengua enmudece y se derraman

las prístinas estrellas de la noche.


Se durmió el corazón abastecido

en la almohada de la muerte,

se coagula lentamente

el padecer de la metáfora.


La sangre se endurece

en el corazón de las oscuras caracolas.

El amor perdió su recetario

y todas las páginas están amarillas.

Un sabor de agotada sonrisa aparece

y el cantar de los manjares

se disuelve en el humo letal de los carbones.

Cada vez que los ojos se abren

así anónimamente,

se ve un corcel que cabalga penitente.

Espero la señal que me incite a la memoria

y se dilata la tarde

como el beso que se detiene en la garganta.
 
Se acabó la musa inspiradora

y están las bocas rotas de palabras,

la lengua enmudece y se derraman

las prístinas estrellas de la noche.


Se durmió el corazón abastecido

en la almohada de la muerte,

se coagula lentamente

el padecer de la metáfora.


La sangre se endurece

en el corazón de las oscuras caracolas.

El amor perdió su recetario

y todas las páginas están amarillas.

Un sabor de agotada sonrisa aparece

y el cantar de los manjares

se disuelve en el humo letal de los carbones.

Cada vez que los ojos se abren

así anónimamente,

se ve un corcel que cabalga penitente.

Espero la señal que me incite a la memoria

y se dilata la tarde

como el beso que se detiene en la garganta.
Genial amiga, un momento poético que atrapa, que no se acaben nunca tus letras, recibe mi abrazo cordial.
 
Se acabó la musa inspiradora

y están las bocas rotas de palabras,

la lengua enmudece y se derraman

las prístinas estrellas de la noche.


Se durmió el corazón abastecido

en la almohada de la muerte,

se coagula lentamente

el padecer de la metáfora.


La sangre se endurece

en el corazón de las oscuras caracolas.

El amor perdió su recetario

y todas las páginas están amarillas.

Un sabor de agotada sonrisa aparece

y el cantar de los manjares

se disuelve en el humo letal de los carbones.

Cada vez que los ojos se abren

así anónimamente,

se ve un corcel que cabalga penitente.

Espero la señal que me incite a la memoria

y se dilata la tarde

como el beso que se detiene en la garganta.

Tu poema, querida amiga, es espléndido. Me llega con una aterciopelada tristeza que circunda en ese recetario del amor, para masillar el corazón y fijarlo en los cristales de la esperanza, esa que señala el último verso, " la señal que incite a la memoria...". Todo el poema es bellísimo y tanto las metáforas que describen las emociones que dilatan tu estupenda lírica.

Mis aplausos.

Un abrazo intenso e inmenso, mi querida Lu.
 
Se acabó la musa inspiradora

y están las bocas rotas de palabras,

la lengua enmudece y se derraman

las prístinas estrellas de la noche.


Se durmió el corazón abastecido

en la almohada de la muerte,

se coagula lentamente

el padecer de la metáfora.


La sangre se endurece

en el corazón de las oscuras caracolas.

El amor perdió su recetario

y todas las páginas están amarillas.

Un sabor de agotada sonrisa aparece

y el cantar de los manjares

se disuelve en el humo letal de los carbones.

Cada vez que los ojos se abren

así anónimamente,

se ve un corcel que cabalga penitente.

Espero la señal que me incite a la memoria

y se dilata la tarde

como el beso que se detiene en la garganta.

Instantes de pendulo en un poema de tiempo huido y que se extiende
con y desde niqueladas metaforas para lograr emanaciones de espacios
que atrapan. felicidades. luzyabsenta
 
Se acabó la musa inspiradora

y están las bocas rotas de palabras,

la lengua enmudece y se derraman

las prístinas estrellas de la noche.


Se durmió el corazón abastecido

en la almohada de la muerte,

se coagula lentamente

el padecer de la metáfora.


La sangre se endurece

en el corazón de las oscuras caracolas.

El amor perdió su recetario

y todas las páginas están amarillas.

Un sabor de agotada sonrisa aparece

y el cantar de los manjares

se disuelve en el humo letal de los carbones.

Cada vez que los ojos se abren

así anónimamente,

se ve un corcel que cabalga penitente.

Espero la señal que me incite a la memoria

y se dilata la tarde

como el beso que se detiene en la garganta.
Se pierde uno con gusto en la algarabía de tus imágenes que se agolpan como espadas, como palabras, como sueños, como oraciones, como gritos, en el arrabal de tu poema.
Saludos. LUIS.
 
Se acabó la musa inspiradora

y están las bocas rotas de palabras,

la lengua enmudece y se derraman

las prístinas estrellas de la noche.


Se durmió el corazón abastecido

en la almohada de la muerte,

se coagula lentamente

el padecer de la metáfora.


La sangre se endurece

en el corazón de las oscuras caracolas.

El amor perdió su recetario

y todas las páginas están amarillas.

Un sabor de agotada sonrisa aparece

y el cantar de los manjares

se disuelve en el humo letal de los carbones.

Cada vez que los ojos se abren

así anónimamente,

se ve un corcel que cabalga penitente.

Espero la señal que me incite a la memoria

y se dilata la tarde

como el beso que se detiene en la garganta.
Muy hermoso, te me llevas con tus palabras Ludmila. Un abrazo. Paco.
 
Se acabó la musa inspiradora

y están las bocas rotas de palabras,

la lengua enmudece y se derraman

las prístinas estrellas de la noche.


Se durmió el corazón abastecido

en la almohada de la muerte,

se coagula lentamente

el padecer de la metáfora.


La sangre se endurece

en el corazón de las oscuras caracolas.



El amor perdió su recetario

y todas las páginas están amarillas.

Un sabor de agotada sonrisa aparece

y el cantar de los manjares

se disuelve en el humo letal de los carbones.

Cada vez que los ojos se abren

así anónimamente,

se ve un corcel que cabalga penitente.

Espero la señal que me incite a la memoria

y se dilata la tarde

como el beso que se detiene en la garganta.


No creo que ya no esté la musa, es un escrito bastante descriptivo y sentido, buen poema. Un gusto leerte, saludos desde Colombia.
 
Se acabó la musa inspiradora

y están las bocas rotas de palabras,

la lengua enmudece y se derraman

las prístinas estrellas de la noche.


Se durmió el corazón abastecido

en la almohada de la muerte,

se coagula lentamente

el padecer de la metáfora.


La sangre se endurece

en el corazón de las oscuras caracolas.

El amor perdió su recetario

y todas las páginas están amarillas.

Un sabor de agotada sonrisa aparece

y el cantar de los manjares

se disuelve en el humo letal de los carbones.

Cada vez que los ojos se abren

así anónimamente,

se ve un corcel que cabalga penitente.

Espero la señal que me incite a la memoria

y se dilata la tarde

como el beso que se detiene en la garganta.

Muy bueno tu surrealismo Poeta, la lírica que lo sostiene es muy bella. Un placer leerte
Un abrazo
 
Espero la señal que me incite a la memoria
y se dilata la tarde
como el beso que se detiene en la garganta.

Admirable y sensible
tu manera de plasmar
el sentir.

Me gusta mucho tu trasmitir poeta
 
Última edición:
Tu poema, querida amiga, es espléndido. Me llega con una aterciopelada tristeza que circunda en ese recetario del amor, para masillar el corazón y fijarlo en los cristales de la esperanza, esa que señala el último verso, " la señal que incite a la memoria...". Todo el poema es bellísimo y tanto las metáforas que describen las emociones que dilatan tu estupenda lírica.

Mis aplausos.

Un abrazo intenso e inmenso, mi querida Lu.
Gracias María, siempre aprecio tus cálidos comentarios, un gran abrazo
 
Se acabó la musa inspiradora

y están las bocas rotas de palabras,

la lengua enmudece y se derraman

las prístinas estrellas de la noche.


Se durmió el corazón abastecido

en la almohada de la muerte,

se coagula lentamente

el padecer de la metáfora.


La sangre se endurece

en el corazón de las oscuras caracolas.

El amor perdió su recetario

y todas las páginas están amarillas.

Un sabor de agotada sonrisa aparece

y el cantar de los manjares

se disuelve en el humo letal de los carbones.

Cada vez que los ojos se abren

así anónimamente,

se ve un corcel que cabalga penitente.

Espero la señal que me incite a la memoria

y se dilata la tarde

como el beso que se detiene en la garganta.

Un ala de melancolía vuela raso sobre ese paisaje que tiende a la auto-consumación en el eterno instante.
Mientras la musa se extingue, renace con fuerza un clamor a la vida, a la belleza y al arte de expresar. Ese beso atragantado, ese ocaso en la mirada, esa metáfora coagulada...

Desde el silencio... mis aplausos
 
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