Sigfrid
Poeta recién llegado
El Quetzal
No volvió más,
a volar por el bosque el quetzal;
y mirando hacia atrás,
el jaguar hizo búsqueda sin cesar.
La iguana lo vio, pero fue hace mucho,
cerca de la catarata que solía frecuentar;
el camaleón dijo todo lo que supo,
ni siquiera el águila lo pudo avistar.
El puma se unió a la búsqueda del quetzal,
junto con el jaguar recorrió la cordillera;
se detuvieron a descansar por el manantial,
cuando de pronto algo se movió en la maleza.
Moribundo con las verdes de horizonte,
custodiado, por la serpiente, el colíbrí y el sapo;
en lamentos estaban el mono y el ocelote,
antes que el jaguar y el puma llegó el hombre extraño.
Desde entonces en la cordillera,
los animales se reúnen a cantar;
con gran lamento a la madre Tierra,
por el quetzal que no vuela más.
No volvió más,
a volar por el bosque el quetzal;
y mirando hacia atrás,
el jaguar hizo búsqueda sin cesar.
La iguana lo vio, pero fue hace mucho,
cerca de la catarata que solía frecuentar;
el camaleón dijo todo lo que supo,
ni siquiera el águila lo pudo avistar.
El puma se unió a la búsqueda del quetzal,
junto con el jaguar recorrió la cordillera;
se detuvieron a descansar por el manantial,
cuando de pronto algo se movió en la maleza.
Moribundo con las verdes de horizonte,
custodiado, por la serpiente, el colíbrí y el sapo;
en lamentos estaban el mono y el ocelote,
antes que el jaguar y el puma llegó el hombre extraño.
Desde entonces en la cordillera,
los animales se reúnen a cantar;
con gran lamento a la madre Tierra,
por el quetzal que no vuela más.