MARINA BARNES
Poeta recién llegado
El oso y el esquimal
Vivía en la costa del Ártico
un simpático osito polar
que por ser muy perezoso
le resultaba costoso nadar.
La mama osa era muy meticulosa
y le cubría las manos y las patas
con piel de foca
para poderlas abrigar
y lo terminaba de acicalar
limando sus uñas
con pómez del mar.
Aunque buen mozo
no podía obtener
por perezoso
el amor de una osita
muy coqueta
que paseaba en una bicicleta
con faros de caracoles
y con un timbre violeta.
Estaba flaco y debilucho
porque la mama osa
ya no cazaba lo suficiente
y no teniendo por allí
hamburguesas
no comía si no pescaba
ese bonito oso perezoso.
Tenia el osezno de vecino
a un esquimal chiquito
y muy decidido
que se hizo su amigo.
El pequeño vecino del ártico
de mirar muy vivo
le contó al oso perezoso
que el también tenía
un penar amoroso.
Vivía en un igloo
de cubitos de frutilla
este esquimal vivo y chiquito.
Un pez de espada
era su arpón.
El trineo estaba hecho
de helado de limón
y lo tiraban pulpos bailarines
con tentáculos de calcetines.
Le apetecía una esquimal pequeñita
y muy orgullosa
le contó a su amigo el oso
con palabras y alma ansiosa.
Asimismo le prometió ayudarlo
para una pesca exitosa.
Muy comedido invitó
a cenar a su nuevo amigo
sobre mantel
de manta rayas marinas
en esa larga noche polar
una cazuela de mariscos
muy grata al paladar.
Los delfines del mar
amigos del esquimal
lo ayudaron al oso a nadar
y aprendió muy feliz a pascar.
Y como todo mal de amores
termina alguna vez en esta vida
como también los rencores
se formaron dos romances
uno de osos y el otro de esquimales
siendo la noticia de todos los mares.
Fue el oso el anfitrión
y se comieron en esa boda
ostras, camarones
y huevos de esturión
y un amigo pirata
trajo un tonel de ron.
Y agasajaron a las parejitas
las mas bellas sirenitas.
En el igloo bailaron
hasta muy tarde
los pequeños esquimales
y el oso y la osa
a la luz
de una anguila luminosa.
Colorin…Colorado…
mucha tibieza se dieron
en ese polo tan helado.
………………………………………
Vivía en la costa del Ártico
un simpático osito polar
que por ser muy perezoso
le resultaba costoso nadar.
La mama osa era muy meticulosa
y le cubría las manos y las patas
con piel de foca
para poderlas abrigar
y lo terminaba de acicalar
limando sus uñas
con pómez del mar.
Aunque buen mozo
no podía obtener
por perezoso
el amor de una osita
muy coqueta
que paseaba en una bicicleta
con faros de caracoles
y con un timbre violeta.
Estaba flaco y debilucho
porque la mama osa
ya no cazaba lo suficiente
y no teniendo por allí
hamburguesas
no comía si no pescaba
ese bonito oso perezoso.
Tenia el osezno de vecino
a un esquimal chiquito
y muy decidido
que se hizo su amigo.
El pequeño vecino del ártico
de mirar muy vivo
le contó al oso perezoso
que el también tenía
un penar amoroso.
Vivía en un igloo
de cubitos de frutilla
este esquimal vivo y chiquito.
Un pez de espada
era su arpón.
El trineo estaba hecho
de helado de limón
y lo tiraban pulpos bailarines
con tentáculos de calcetines.
Le apetecía una esquimal pequeñita
y muy orgullosa
le contó a su amigo el oso
con palabras y alma ansiosa.
Asimismo le prometió ayudarlo
para una pesca exitosa.
Muy comedido invitó
a cenar a su nuevo amigo
sobre mantel
de manta rayas marinas
en esa larga noche polar
una cazuela de mariscos
muy grata al paladar.
Los delfines del mar
amigos del esquimal
lo ayudaron al oso a nadar
y aprendió muy feliz a pascar.
Y como todo mal de amores
termina alguna vez en esta vida
como también los rencores
se formaron dos romances
uno de osos y el otro de esquimales
siendo la noticia de todos los mares.
Fue el oso el anfitrión
y se comieron en esa boda
ostras, camarones
y huevos de esturión
y un amigo pirata
trajo un tonel de ron.
Y agasajaron a las parejitas
las mas bellas sirenitas.
En el igloo bailaron
hasta muy tarde
los pequeños esquimales
y el oso y la osa
a la luz
de una anguila luminosa.
Colorin…Colorado…
mucha tibieza se dieron
en ese polo tan helado.
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