INTIMO DOLOR
Celada está mi alma con pétalos de rosas
y adormecida por los suaves olores
del jardín que es hoy mi vida.
Todo lo hace amable mi mirada
y mis manos cincelan la belleza
en arduas rocas, como el mar.
Tu me diste, Señor, el don de la palabra
y con ellas lucho y me desvivo
por encontrar las gemas que contienen.
Hasta el arcano secreto de la música
en tus gráciles aves he encontrado, mi buen Dios.
Pero se que allá abajo, en ese vacío insondable
que poseo como hombre,
donde empiezan mis raíces,
está el dolor, ese íntimo dolor
que me acosa y me constriñe
cada vez que te reclamo y Tú no vienes.
Así que he comenzado a abandonar
esos pétalos de rosas: ya están mustios.
Mis manos serán tan sólo inútiles herramientas:
ociosos, torpes placeres y muerte dejaré salir de ellas.
Y mis palabras, Señor, ésas que hasta hoy te han alabado:
con horrísono estruendo se unirán al coro
de aquellos que te execran.
Y descenderé a la sentina donde nacen mis raíces,
las raíces que alimentan mi íntimo dolor,
ese dolor que a veces me habita, insoportable.
Y una a una las secaré con mi odio.
Una sola dejaré, Señor, en tu homenaje:
aquella que alimente el dolor, dolor excelso,
de Tu ausencia
Celada está mi alma con pétalos de rosas
y adormecida por los suaves olores
del jardín que es hoy mi vida.
Todo lo hace amable mi mirada
y mis manos cincelan la belleza
en arduas rocas, como el mar.
Tu me diste, Señor, el don de la palabra
y con ellas lucho y me desvivo
por encontrar las gemas que contienen.
Hasta el arcano secreto de la música
en tus gráciles aves he encontrado, mi buen Dios.
Pero se que allá abajo, en ese vacío insondable
que poseo como hombre,
donde empiezan mis raíces,
está el dolor, ese íntimo dolor
que me acosa y me constriñe
cada vez que te reclamo y Tú no vienes.
Así que he comenzado a abandonar
esos pétalos de rosas: ya están mustios.
Mis manos serán tan sólo inútiles herramientas:
ociosos, torpes placeres y muerte dejaré salir de ellas.
Y mis palabras, Señor, ésas que hasta hoy te han alabado:
con horrísono estruendo se unirán al coro
de aquellos que te execran.
Y descenderé a la sentina donde nacen mis raíces,
las raíces que alimentan mi íntimo dolor,
ese dolor que a veces me habita, insoportable.
Y una a una las secaré con mi odio.
Una sola dejaré, Señor, en tu homenaje:
aquella que alimente el dolor, dolor excelso,
de Tu ausencia