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Insoportable...

Ángel San Isidro

Poeta que considera el portal su segunda casa

Insoportable...

La vida era un dolor que se le antojaban de versos inalterables e insoportables,
la vida era un sufrimiento de amor que se le
antojaban de una misteriosa soledad ,
amigable y vulnerable,
la vida era para el poeta el sueño eterno
de las palabras viejas que entre sus sueños se deslizaban en el suave caminar que se entrelazaban en los momentos de paz del joven poeta,
de los momentos placenteros e inolvidables versos del aturdido corazón del afanado filosofo de la vida ;

El amor era para el
un sueño prendido entre alfileres,
que le regalaban en su viejo soñar
tristes y melancólicos sueños
de sus divinos y melancólicos placeres,
la vida era el sueño eterno de sus amados y suaves menesteres,
y pensaba que la muerte siempre le sorprendería
en sus dulces y primorosos atardeceres,
la vida se resumía en un viejo cáliz de amor
que en sus sueños vivían ausentes y se asustaba con sus fatídicos y sensuales sueños, fruto de la comunión de su alma apaciguada y divina que acariciaban con sus versos el alma de una comunión perfecta y tranquila, que le daban el calor en su alma labrada de la perfecta divinidad de sus apasionantes y divinas letras,
su alma era la figura que sonriente se abrazaba en sus placidos y tenues temores, los que en su alma hacían relucir todos sus sueños, y sus vanas sensaciones;

El joven y viejo poeta,
escribió muchos versos nacidos de su alma inquieta, pero nunca pudo escribir los lamentos de su alma que con mucha tristeza, se desperdigaban por los senderos de su alma perdida y quieta, siempre quiso llorar delante de su sencillo y viejo espejo, para con sus lágrimas llorar y recordar a tan solitario y triste poeta.
Que Dios le de la alegría y el bienestar de sus versos nacidos del alma del que sin duda serán las verdades de uno de los más grandes poetas y filósofos...de su época...

Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados

 
Última edición:
Insoportable...

La vida era un dolor que se le antojaban de versos inalterables e insoportables,
la vida era un sufrimiento de amor que se le
antojaban de una misteriosa soledad ,
amigable y vulnerable,
la vida era para el poeta el sueño eterno
de las palabras viejas que entre sus sueños se deslizaban en el suave caminar que se entrelazaban en los momentos de paz del joven poeta,
de los momentos placenteros e inolvidables versos del aturdido corazón del afanado filosofo de la vida ;

El amor era para el
un sueño prendido entre alfileres,
que le regalaban en su viejo soñar
tristes y melancólicos sueños
de sus divinos y melancólicos placeres,
la vida era el sueño eterno de sus amados y suaves menesteres,
y pensaba que la muerte siempre le sorprendería
en sus dulces y primorosos atardeceres,
la vida se resumía en un viejo cáliz de amor
que en sus sueños vivían ausentes y se asustaba con sus fatídicos y sensuales sueños, fruto de la comunión de su alma apaciguada y divina que acariciaban con sus versos el alma de una comunión perfecta y tranquila, que le daban el calor en su alma labrada de la perfecta divinidad de sus apasionantes y divinas letras,
su alma era la figura que sonriente se abrazaba en sus placidos y tenues temores, los que en su alma hacían relucir todos sus sueños, y sus vanas sensaciones;

El joven y viejo poeta,
escribió muchos versos nacidos de su alma inquieta, pero nunca pudo escribir los lamentos de su alma que con mucha tristeza, se desperdigaban por los senderos de su alma perdida y quieta, siempre quiso llorar delante de su sencillo y viejo espejo, para con sus lágrimas llorar y recordar a tan solitario y triste poeta.
Que Dios le de la alegría y el bienestar de sus versos nacidos del alma del que sin duda serán las verdades de uno de los más grandes poetas y filósofos...de su época...

Autor: Ángel San Isidro
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Hermosos versos un tanto melancólicos, mucho de vitales. Delicioso el deseo final deseándole alegría y bienestar. Todo verso nacido del corazón sin afanes de aplausos es un honesto regalo del poeta a la vida, no obstante cante al amor, a la tristeza, a sus pesares y alegrías. Todo poeta es un bohemio, y todo bohemio es un melancólico. Un bellísimo poema, mi querido Angel de la guarda. Recibe mi cariño. Besos y bendiciones.
 
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