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Un banco, sol, silencio

Évano

Libre, sin dioses.
Un banco, sol, silencio,
y el ruido de un motor lejano
de vez en cuando.
La hogaza de pan que ha de durar cuatro días,
hasta el camión de congelados
del jueves al anochecer,
y nadie pululando por los montes.

Yo, paseando dentro de mí,
intentando recomponer
un mobiliario
caduco,
obsoleto,
viejo.

Las guerras duran porque ha de morir la máxima
gente posible.
Sobrantes.

Demasiada información parcial,
controlada.
Interés.

La ciudad asfixia
de pobreza a los máximos
posibles sobrantes.
¿Exiliados voluntarios?

Los pies, la Luna, otro camino.

Por la ventana de una herida abierta voy
arrojando los muebles ya inútiles.
Siembro flores, árboles y dejo
entrar a los máximos animales posibles.

Quizás consecuencia de un desamor.

Mas no importa,
las faldas requieren espejos,
pintalabios, pintaúñas, rímel
y muchos que admiren un rato,
el suficiente antes
de proseguir al mundo de Haciadónde.

Otro banco, otro sol, otro silencio

y un montón de voces tratando
erigir la estructura necesaria
para mantener una vida compuesta
por miles de billones de seres diminutos
que no quieren que su universo caiga
por el agujero negro causado
por la energía oscura de tantos
hámsteres girando y girando y girando
la rueda de un molino apocalíptico.

Otro banco, otro sol, otro silencio.
 
Última edición:
Un poema hermoso y a la vez con un contenido profundo e interesante que me gustó mucho leer. Mi sincera felicitación señor Évano Vicente. Un abrazo.
 
Apartarse de esta rueda que gira y gira no se sabe hacia donde con nosotros en ella y recomponer nuestro mundo interior... Me ha encantado, Vicente.
Paso a saludarte y te dejo un abrazo.
 
Un poema hermoso y a la vez con un contenido profundo e interesante que me gustó mucho leer. Mi sincera felicitación señor Évano Vicente. Un abrazo.
Apartarse de esta rueda que gira y gira no se sabe hacia donde con nosotros en ella y recomponer nuestro mundo interior... Me ha encantado, Vicente.
Paso a saludarte y te dejo un abrazo.

Gracias amigos por dar una vuelta por estas reflexiones. Os mando un fuerte abrazo.
 
Un banco, sol, silencio,
y el ruido de un motor lejano
de vez en cuando.
La hogaza de pan que ha de durar cuatro días,
hasta el camión de congelados
del jueves al anochecer,
y nadie pululando por los montes.

Yo, paseando dentro de mí,
intentando recomponer
un mobiliario
caduco,
obsoleto,
viejo.

Las guerras duran porque ha de morir la máxima
gente posible.
Sobrantes.

Demasiada información parcial,
controlada.
Interés.

La ciudad asfixia
de pobreza a los máximos
posibles sobrantes.
¿Exiliados voluntarios?

Los pies, la Luna, otro camino.

Por la ventana de una herida abierta voy
arrojando los muebles ya inútiles.
Siembro flores, árboles y dejo
entrar a los máximos animales posibles.

Quizás consecuencia de un desamor.

Mas no importa,
las faldas requieren espejos,
pintalabios, pintaúñas, rímel
y muchos que admiren un rato,
el suficiente antes
de proseguir al mundo de Haciadónde.

Otro banco, otro sol, otro silencio

y un montón de voces tratando
erigir la estructura necesaria
para mantener una vida compuesta
por miles de billones de seres diminutos
que no quieren que su universo caiga
por el agujero negro causado
por la energía oscura de tantos
hámsteres girando y girando y girando
la rueda de un molino apocalíptico.

Otro banco, otro sol, otro silencio.

El estar introspectivo, es el mejor momento de la conciencia hacia el universo interno. Buen tema
UN FUERTE ABRAZO
 
Un banco, sol, silencio,
y el ruido de un motor lejano
de vez en cuando.
La hogaza de pan que ha de durar cuatro días,
hasta el camión de congelados
del jueves al anochecer,
y nadie pululando por los montes.

Yo, paseando dentro de mí,
intentando recomponer
un mobiliario
caduco,
obsoleto,
viejo.

Las guerras duran porque ha de morir la máxima
gente posible.
Sobrantes.

Demasiada información parcial,
controlada.
Interés.

La ciudad asfixia
de pobreza a los máximos
posibles sobrantes.
¿Exiliados voluntarios?

Los pies, la Luna, otro camino.

Por la ventana de una herida abierta voy
arrojando los muebles ya inútiles.
Siembro flores, árboles y dejo
entrar a los máximos animales posibles.

Quizás consecuencia de un desamor.

Mas no importa,
las faldas requieren espejos,
pintalabios, pintaúñas, rímel
y muchos que admiren un rato,
el suficiente antes
de proseguir al mundo de Haciadónde.

Otro banco, otro sol, otro silencio

y un montón de voces tratando
erigir la estructura necesaria
para mantener una vida compuesta
por miles de billones de seres diminutos
que no quieren que su universo caiga
por el agujero negro causado
por la energía oscura de tantos
hámsteres girando y girando y girando
la rueda de un molino apocalíptico.

Otro banco, otro sol, otro silencio.


Meditaciones de un paseante solitario, o de un observador a la sombra de un ciprés, tanto da el lugar...

Un abrazo desde el banco vecino, en silencio, bajo el mismo sol.
 
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