Martín Renán
Poeta adicto al portal
El de la careta, otra careta;
otro prójimo
a otro prójimo.
El espía, espía.
Dejé altavoces en mi casa
y en la calle,
el parlante más grande.
El inocente murió en el titular,
de un periódico de la mañana.
El de la cárcel nunca mintió en su celda.
Corre por la mesa
un milagro de cristal.
Y los reclusos,
y todos los suicidas en potencia.
Aparentemente no queda otra,
de retractarse,
si dios quiere.
otro prójimo
a otro prójimo.
El espía, espía.
Dejé altavoces en mi casa
y en la calle,
el parlante más grande.
El inocente murió en el titular,
de un periódico de la mañana.
El de la cárcel nunca mintió en su celda.
Corre por la mesa
un milagro de cristal.
Y los reclusos,
y todos los suicidas en potencia.
Aparentemente no queda otra,
de retractarse,
si dios quiere.