Caetano_Bastos
Poeta recién llegado
Los montículos de sueños se aglomeran cuando la bruma se disipa. La frontera entre un mundo mas lejano y la tierra que se ahorca en nuestros pies se quiebra en su reflejo deshilachado durante las noches que conversábamos sobre Ribeyro. Las catedrales se revolcaban en sus vidrios rotos y aquella luna caía revotando como una pelotita de ping pong a los pies del gran Girondo. Una mixtura de lanzas volando: el viento; como el loco boca húmeda de licor cortando su sombra en un pasaje de ciudad. el ruido; como una polilla de cabeza al vidrio agitándose entre zancos. Las luces; como pedales golpeando tu cabeza entre zetas de vapor.
El día; ahora se parte con la quietud de las ramas dejando maltrecha a esta ciudad con el amanecer en sus mosaicos de gente.
Y mientras tú sigues durmiendo entre las narices de los edificios y con medio pensamiento en estos mundos lejanos que te ensombrecen las cejas cuando sueñas.
El día; ahora se parte con la quietud de las ramas dejando maltrecha a esta ciudad con el amanecer en sus mosaicos de gente.
Y mientras tú sigues durmiendo entre las narices de los edificios y con medio pensamiento en estos mundos lejanos que te ensombrecen las cejas cuando sueñas.