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El fetiche del águila

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
Estoy descansando la frente sobre el mármol de una tumba.
Parece que el águila estuviera dibujando la forma de tu seno
y en la llovizna percibo la vibración de su incoherencia.
La esponja de los cadáveres me absorbe, amada.
Mi padre me respira en la nuca. Una legión de mineros lo acompaña.
Hombres de carbono, con taladros, que saben que la dinamita es el alma de los precipicios.
Amada, ellos dicen que el secuestro de los ciervos
es el hielo de dios.
Los ciervos me respiran en la nuca y siento frío, frío de morirme.
La nube de tu seno se difumina o se hace un círculo más grande que desocupa el éter
y lo traiciona.
El águila parece tan pequeña ahora que mi padre la sostiene
y la alimenta con trozos de mi carne.
Ellos hacen un fuego en el medio del cementerio
y dicen, amada, que hubo un joven
patriarca del desencanto,
que se adentró en las montañas
y desde entonces mueren los ciervos, amada,
y su carne sabe a poesía.
 
Estoy descansando la frente sobre el mármol de una tumba.
Parece que el águila estuviera dibujando la forma de tu seno
y en la llovizna percibo la vibración de su incoherencia.
La esponja de los cadáveres me absorbe, amada.
Mi padre me respira en la nuca. Una legión de mineros lo acompaña.
Hombres de carbono, con taladros, que saben que la dinamita es el alma de los precipicios.
Amada, ellos dicen que el secuestro de los ciervos
es el hielo de dios.
Los ciervos me respiran en la nuca y siento frío, frío de morirme.
La nube de tu seno se difumina o se hace un círculo más grande que desocupa el éter
y lo traiciona.
El águila parece tan pequeña ahora que mi padre la sostiene
y la alimenta con trozos de mi carne.
Ellos hacen un fuego en el medio del cementerio
y dicen, amada, que hubo un joven
patriarca del desencanto,
que se adentró en las montañas
y desde entonces mueren los ciervos, amada,
y su carne sabe a poesía.

Navegar por tus versos es contemplar y perderse en los detalles de un mundo que podría ser aunque no sea pero es posible que sea porque está ahí y por tanto...ufff
Esa nuca de memorias me ha encantado, una imagen desbordada, como el hormiguero de mineros y tantas...

Felicidades por el poema compañero, un deleite compartirlo

Palmira
 
Estoy descansando la frente sobre el mármol de una tumba.
Parece que el águila estuviera dibujando la forma de tu seno
y en la llovizna percibo la vibración de su incoherencia.
La esponja de los cadáveres me absorbe, amada.
Mi padre me respira en la nuca. Una legión de mineros lo acompaña.
Hombres de carbono, con taladros, que saben que la dinamita es el alma de los precipicios.
Amada, ellos dicen que el secuestro de los ciervos
es el hielo de dios.
Los ciervos me respiran en la nuca y siento frío, frío de morirme.
La nube de tu seno se difumina o se hace un círculo más grande que desocupa el éter
y lo traiciona.
El águila parece tan pequeña ahora que mi padre la sostiene
y la alimenta con trozos de mi carne.
Ellos hacen un fuego en el medio del cementerio
y dicen, amada, que hubo un joven
patriarca del desencanto,
que se adentró en las montañas
y desde entonces mueren los ciervos, amada,
y su carne sabe a poesía.
Me ha encantado en su totalidad, sueles llevarme a esa profundidad poética que sabes alcanzar, divina poesía! Recibe un gran abrazo amigo poeta!
 
Estoy descansando la frente sobre el mármol de una tumba.
Parece que el águila estuviera dibujando la forma de tu seno
y en la llovizna percibo la vibración de su incoherencia.
La esponja de los cadáveres me absorbe, amada.
Mi padre me respira en la nuca. Una legión de mineros lo acompaña.
Hombres de carbono, con taladros, que saben que la dinamita es el alma de los precipicios.
Amada, ellos dicen que el secuestro de los ciervos
es el hielo de dios.
Los ciervos me respiran en la nuca y siento frío, frío de morirme.
La nube de tu seno se difumina o se hace un círculo más grande que desocupa el éter
y lo traiciona.
El águila parece tan pequeña ahora que mi padre la sostiene
y la alimenta con trozos de mi carne.
Ellos hacen un fuego en el medio del cementerio
y dicen, amada, que hubo un joven
patriarca del desencanto,
que se adentró en las montañas
y desde entonces mueren los ciervos, amada,
y su carne sabe a poesía.

Ese sueño supremo para concebir yna presencia quebrada por el recuerdo,

el padre y la amada en esa arista del cristal magnifico de las sensaciones.
felicidades por la incierta intensidad aportada que se integra en el bello
trabajo de toda la obra. felicidades. luzyabsenta
 
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