Nuria
Poeta que considera el portal su segunda casa
Rígido en una esquina, todo vestido de negro.
Sus uñas oscurecidas como la noche
y en sus dedos un cigarrillo, de esos que huelen a muerte.
Intacto, casi ausente, se le ve flotar en el ambiente.
Nadie sabe quien es, nadie le conoce. Destilan sus pupilas olor a
muerte.
Arrastra tras de sí una cadena de antaño.
Parece que busca una presa a quien devorar. Debajo de su gabacha
guarda la daga con la que destrozara a su presa.
Escinde la sangre de sus antiguas victimas
y en su rostro una herida cicatrizante.
Demonios guardianes le esperan a lo lejos.
A una señal de él caerán tras de ella. Presa fácil, mas no avivada,
caerá en sus redes y será disipada como el
humo
de su cigarro metido entre los dedos de la garganta .
Cuando grite nadie le escuchará.
Será arrebatada su alma como el humo
Y su silencio solo será el sepulcro.