Luis Elissamburu
Poeta fiel al portal
Salir de Constitución
era el primer paso.
Después, el viaje se extendía
hasta el lejano mar
y la playa de mi descanso.
Locomotora a vapor
en sus últimos viajes.
Aquel niño dormido
que llevaba fantasías
como único equipaje.
Mi primer ñandú,
mi primer alambrado...
Enorme la pampa
llenando mi corazón
de aventurero frustrado.
La estación de Ayacucho
con algún pariente perdido.
Los tilos fragantes
en los veinte minutos
del helado prometido.
"Vamos a Necochea"
era la voz del milagro.
Quinientos kilómetros
separaban, sin éxito,
a mi piel, de su verano.
Sí la niñez fué mi tesoro,
el tren la guardó en Quequén.
El abuelo viajó primero
pero me sigue esperando
en su blanco andén.
Llegar era una fiesta
que duraba tres meses.
El kiosko de Mabel,
la plaza del centro,
el querido pesebre...
Ir a lo de Dones
por la pala y el baldecito.
"Pocho" me subía,
allá muy arriba,
para poder elegirlos.
Buena vida ferroviaria,
segura y puntual.
El amor por la distancia
nos lo fueron quitando
promoviendo su mal.
¡Ay si yo pudiera
volver al mundo del riel!
Saber siempre el destino
del metálico camino
sembrado con cariño fiel.
era el primer paso.
Después, el viaje se extendía
hasta el lejano mar
y la playa de mi descanso.
Locomotora a vapor
en sus últimos viajes.
Aquel niño dormido
que llevaba fantasías
como único equipaje.
Mi primer ñandú,
mi primer alambrado...
Enorme la pampa
llenando mi corazón
de aventurero frustrado.
La estación de Ayacucho
con algún pariente perdido.
Los tilos fragantes
en los veinte minutos
del helado prometido.
"Vamos a Necochea"
era la voz del milagro.
Quinientos kilómetros
separaban, sin éxito,
a mi piel, de su verano.
Sí la niñez fué mi tesoro,
el tren la guardó en Quequén.
El abuelo viajó primero
pero me sigue esperando
en su blanco andén.
Llegar era una fiesta
que duraba tres meses.
El kiosko de Mabel,
la plaza del centro,
el querido pesebre...
Ir a lo de Dones
por la pala y el baldecito.
"Pocho" me subía,
allá muy arriba,
para poder elegirlos.
Buena vida ferroviaria,
segura y puntual.
El amor por la distancia
nos lo fueron quitando
promoviendo su mal.
¡Ay si yo pudiera
volver al mundo del riel!
Saber siempre el destino
del metálico camino
sembrado con cariño fiel.