Carrizo Pacheco
Moderador Global.Corrector.Miembro del Jurado
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Moderador Global
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Corrector/a
Director de concursos
Equipo Revista "Eco y latido"
Demos una vuelta al camposanto...
Demos una vuelta al camposanto...
los símbolos crucíferos y los mármoles,
esdrújulos, helados y filosos,
hacen el ambiente aún más doloroso.
Te traigo hasta aquí porque repugna
una dicha tan feliz como la nuestra;
un poco de pesar nada nos pesará.
Que la húmeda sombra de los nichos
se anteponga por un rato a nuestro sol.
Nos hará bien bordear otras realidades
que pasan tan sólo para que las veamos.
¿Por qué te estremeces de golpe?,
¿acaso la tiesa muerte te inquieta?
No seas tan cándida, mi transparente vida. . .
Nosotros jamás podremos morirnos;
¿no ves que las cosas son nuestras?,
están para que las descubramos
y las usemos hasta plantarlas en el recuerdo,
o en la cueva siniestra del olvido.
Antes de llegar hasta la muerte
debemos alcanzar a cada ser,
a cada objeto de esta tierra redonda
que hoy se me antoja triangular – tú, yo y ella.
¿Comprendes lo que nos aguarda?
Tenemos que llegar siempre juntos
hasta todo lo supuesto que hay en este mundo,
para que recién entonces de verdad exista.
Si casi infinitas son las cosas,
casi eterno será nuestro tiempo…
Sí, lo reconozco… quizá exageré un poco;
todo, absolutamente todo tiene un final,
y nosotros, que todo lo perseguimos,
no podremos escaparle a esa regla.
Habremos de expirar al fin de cuentas,
tras un magno inventario de milenios.
Pero no te preocupes, mi envolvente primor…
para ese entonces ya habremos creado la salida
que extienda el loco rumbo de nuestro amor.
Ariel Carrizo Pacheco
Poema XVI de "Mil versos amartelados", MMIII
Demos una vuelta al camposanto...
los símbolos crucíferos y los mármoles,
esdrújulos, helados y filosos,
hacen el ambiente aún más doloroso.
Te traigo hasta aquí porque repugna
una dicha tan feliz como la nuestra;
un poco de pesar nada nos pesará.
Que la húmeda sombra de los nichos
se anteponga por un rato a nuestro sol.
Nos hará bien bordear otras realidades
que pasan tan sólo para que las veamos.
¿Por qué te estremeces de golpe?,
¿acaso la tiesa muerte te inquieta?
No seas tan cándida, mi transparente vida. . .
Nosotros jamás podremos morirnos;
¿no ves que las cosas son nuestras?,
están para que las descubramos
y las usemos hasta plantarlas en el recuerdo,
o en la cueva siniestra del olvido.
Antes de llegar hasta la muerte
debemos alcanzar a cada ser,
a cada objeto de esta tierra redonda
que hoy se me antoja triangular – tú, yo y ella.
¿Comprendes lo que nos aguarda?
Tenemos que llegar siempre juntos
hasta todo lo supuesto que hay en este mundo,
para que recién entonces de verdad exista.
Si casi infinitas son las cosas,
casi eterno será nuestro tiempo…
Sí, lo reconozco… quizá exageré un poco;
todo, absolutamente todo tiene un final,
y nosotros, que todo lo perseguimos,
no podremos escaparle a esa regla.
Habremos de expirar al fin de cuentas,
tras un magno inventario de milenios.
Pero no te preocupes, mi envolvente primor…
para ese entonces ya habremos creado la salida
que extienda el loco rumbo de nuestro amor.
Ariel Carrizo Pacheco
Poema XVI de "Mil versos amartelados", MMIII
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