hugoescritor
Poeta que considera el portal su segunda casa
Truenos de voz ronca
cabalgan las montañas
el cielo se ha enrollado
como un viejo papel;
relámpagos alados tallan cicatrices
en el ajado rostro de éste atardecer.
Dioses inclementes arrojan anatemas
sobre sus necios hijos enfermos de poder
y crecen en los árboles los frutos del espanto:
son máscaras sangrientas que te niegas a ver.
De la reseca tierra crecen oscuras formas
son matas tenebrosas que te atan los pies
y tienes LA PREGUNTA quemándote los labios,
pregunta que te hiciste hace ya tantos años
y que nunca encontraste quién pueda responder.
¿Lo ves?
Has errado de nuevo el camino
y ya no quedan sitios a donde correr...
¡Renuncia de una vez a tanto desatino
y acepta que no naciste de vientre de mujer!
cabalgan las montañas
el cielo se ha enrollado
como un viejo papel;
relámpagos alados tallan cicatrices
en el ajado rostro de éste atardecer.
Dioses inclementes arrojan anatemas
sobre sus necios hijos enfermos de poder
y crecen en los árboles los frutos del espanto:
son máscaras sangrientas que te niegas a ver.
De la reseca tierra crecen oscuras formas
son matas tenebrosas que te atan los pies
y tienes LA PREGUNTA quemándote los labios,
pregunta que te hiciste hace ya tantos años
y que nunca encontraste quién pueda responder.
¿Lo ves?
Has errado de nuevo el camino
y ya no quedan sitios a donde correr...
¡Renuncia de una vez a tanto desatino
y acepta que no naciste de vientre de mujer!
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