danie
solo un pensamiento...
Tiende de un hilo mi razón
y cae sosegadamente en el fulgor
de tus senos reposando,
con los ojos derrochados
en los fondos albos de tu puericia
que se pliega
sobre los añejos restos de mi vejez.
Delira en los plañidos de la voz
de las bocas mudas y sus lágrimas
que surcan la mar hecha canción,
la triste melodía que mana el universo
de los acordes de tus ojos de Nerón.
Con dientes de sierpes
cruza el desierto
de un alba pretendida,
alza los laureles del cielo
para caminar en las ciénagas
de los pies marchitos
y las cabezas de arena
de ensueños revueltos
por un cuerpo vacío.
Como las risas ciegas en la fuente
que se ahogaron por no saber nadar
en las rompientes de las carcajadas umbrías
que brotan de los huesos y sus baldíos,
cuelgan mis espectros,
mis fantasmas,
mis muertes del patíbulo
que construyó tu sombra.
Las quimeras se desmenuzan
con la lengua enroscada al desvarío
que forjó tu espejo
de lumbrera venenosa.
El juicio se interna una y mil veces
junto con la carne senil
en las fauces buidas de las cítaras
de un postremo gemido
del nosocomio de tu vientre.
Con latidos de restos enfermos
la cordura duerme el sueño eterno
en los brazos de tu oquedad
y sus molares
que roen mi platónica
conciencia.