Almudena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tengo la azarosa costumbre de sopesar las consecuencias de mis actos;
los verbales y los conductuales.
Sopesar el movimiento de hasta cuando aleteo la nariz,
siempre hay un quién juzgando un qué.
Y es que, por mucho que se nos anime,
por mucho que el personal juegue a las aperturas sociales
queriendo que nos exhibamos expuestamente en plan salvaje
(haz el amor no la guerra),
no nos engañemos, no vamos a irnos de rositas
con palmaditas en la espalda.
Está intrínseco en Nuestra naturaleza
el uso y adjudicación de etiquetas,
debimos cursarlo en primero o segundo de gestación fetal…
Es por eso que, ante todo ser viviente en nuestras interrelaciones,
en treinta segundos, de forma no consciente,
un ADN bien entrenado ya ha radiografiado a nuestro interlocutor,
en poco más de lo que se dice "amen"
lleva colgada la etiqueta de nuestra deducción.
Siendo realistas,
en el mismo tiempo hemos sido analizados
recibiendo las consecuencias de un ojo por ojo;
calibrados, clasificados y etiquetados:
Es inseguro, es orgulloso,
el típico listillo
adorable,
gay.
Y no tenemos costumbre de unir dos etiquetas en un mismo sujeto,
menos aún si paseamos por los eriales de la moral…
Si eres adorable no puedes ser
un adorable maricón;
en términos generales eres maricón, punto.
Cambio de palo,
¿conoces a alguna tortillera estupendo médico? ,
o es estupendo médico o es tortillera.
¿Una puta, madre ejemplar?,
tal vez para los más benevolentes.
Como si con una etiqueta se definiera una vida
y el resto formase parte del aura que dicen nos rodea;
en fin, que lo crea quien quiera.
Puede ser que por eso cuando me da un flus eufórico
tiro del bocado a tiempo;
"no cuentes lo que no quieres que se sepa,
no enseñes lo que no quieres que otros vean,
no confíes en la benevolencia de los que enarbolan
el estandarte de la libertad sin repercusiones,
te darán el primer revolcón".
Porque no te engañes,
a quien le digas que eres puta
no vas a hacerle creer de forma alguna que eres fiel a tu pareja
con un siglo de relación matrimonial
por muy verdad que sea.
De esta forma suelo tararear
en la ducha el “Cuando nadie me ve”
de Alejandro Sanz
mientras hago el amor
con mi sombra.
los verbales y los conductuales.
Sopesar el movimiento de hasta cuando aleteo la nariz,
siempre hay un quién juzgando un qué.
Y es que, por mucho que se nos anime,
por mucho que el personal juegue a las aperturas sociales
queriendo que nos exhibamos expuestamente en plan salvaje
(haz el amor no la guerra),
no nos engañemos, no vamos a irnos de rositas
con palmaditas en la espalda.
Está intrínseco en Nuestra naturaleza
el uso y adjudicación de etiquetas,
debimos cursarlo en primero o segundo de gestación fetal…
Es por eso que, ante todo ser viviente en nuestras interrelaciones,
en treinta segundos, de forma no consciente,
un ADN bien entrenado ya ha radiografiado a nuestro interlocutor,
en poco más de lo que se dice "amen"
lleva colgada la etiqueta de nuestra deducción.
Siendo realistas,
en el mismo tiempo hemos sido analizados
recibiendo las consecuencias de un ojo por ojo;
calibrados, clasificados y etiquetados:
Es inseguro, es orgulloso,
el típico listillo
adorable,
gay.
Y no tenemos costumbre de unir dos etiquetas en un mismo sujeto,
menos aún si paseamos por los eriales de la moral…
Si eres adorable no puedes ser
un adorable maricón;
en términos generales eres maricón, punto.
Cambio de palo,
¿conoces a alguna tortillera estupendo médico? ,
o es estupendo médico o es tortillera.
¿Una puta, madre ejemplar?,
tal vez para los más benevolentes.
Como si con una etiqueta se definiera una vida
y el resto formase parte del aura que dicen nos rodea;
en fin, que lo crea quien quiera.
Puede ser que por eso cuando me da un flus eufórico
tiro del bocado a tiempo;
"no cuentes lo que no quieres que se sepa,
no enseñes lo que no quieres que otros vean,
no confíes en la benevolencia de los que enarbolan
el estandarte de la libertad sin repercusiones,
te darán el primer revolcón".
Porque no te engañes,
a quien le digas que eres puta
no vas a hacerle creer de forma alguna que eres fiel a tu pareja
con un siglo de relación matrimonial
por muy verdad que sea.
De esta forma suelo tararear
en la ducha el “Cuando nadie me ve”
de Alejandro Sanz
mientras hago el amor
con mi sombra.
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