danie
solo un pensamiento...
Tú
que hipnotizas todos mis soles,
los cometas
que navegan en mi puerto
y también mis plenilunios de pecina.
Tú
que hechizas toda mi simplicidad:
mi preludio de sombras,
mis marineros de polvo
(los tripulantes de un barco sin quilla),
mis perfiles de hierba y también
las arenas
de mis branquias sin oxígeno.
Tú
que me confías una urna repleta de ensueños,
de lenguas y léxicos vestidos de laurel de aladas nubes,
con tu brisa de acéfalos fugaces
que pilotean al último hado,
al azar y su galeón que navega entre las olas de ósculos
de mi mar ebria
que perdió la razón.
Tú
que te posas con la forma de un amuleto
en la ruta quimera de mi época,
narrando
la mansión desbordada de una piel,
susurrándome
al oído los habitantes de una inocencia
y sus manojos de lactancia de estrellas
Tú,
fiel símbolo de mi emblema
que siempre velas por mí
y me acobijas con tus brazos de pluma de felpa,
con tus apetencias nómadas
por mis jardines
y mis castillos.
Tú,
mundología de mis espectros
y de todas mis cenizas mañaneras
de un tren
que se perdió en esos olvidados días,
en las lógicas de la ruleta y los dados de la monotonía,
en la amnesia de las plazas baldías,
para ya nunca más toparse con el péndulo del tictac
(el reloj que helaba mi sangre)
o con los pasadizos de una muerte.
Tú eres mi pretexto
para no beber más del narcótico de la soledad
sobre el escarpín
de la medianoche.