Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Soltarse completamente
en el tiempo,
en la distancia,
en aire, el fuego
y el agua,
en la fresca tierra,
dejando que todo pase,
sin prisa,
sin miedo,
sin culpas,
y rencores;
dibujando en la arena,
castillos y estrellas.
Volver a ser niños,
sin orgullo
y prejuicios;
perderse en el verde,
en el azul,
en el amarillo,
en el rojo,
en el inmaculado blanco
y el penetrante negro,
seducidos,
por su misterioso
encanto.
Girar incansables,
como lo hacen los planetas
y los molinos de viento.
Croar como ranas
en la espesura
de la húmeda hojarasca,
saltando a las cristalinas charcas,
danzando, cantando,
hasta llegar la alborada.
Iluminar la noche
como luciérnagas,
zumbar como el viento,
como lo hacen
cargadas de polen
las abejas, al llegar
a su colmena.
Amar como lo hacen
en los tejados
de las casa viejas
y en las cornisas de las
pueblerinas iglesias,
las bellas palomas.
Trepar en la selva,
alcanzando el sol,
la luna, las estrellas,
y un furtivo planeta.
Dejarnos arrullar,
mecidos por el viento
en las vigorosas ramas,
con el canto de las guaduas.
Volver a nacer sin prisa,
sin miedo al reloj de arena;
porque vienen tiempos
primaverales, de bonanza,
cubriendo nuestro suelo,
con tormentas de progreso,
huracanes de pasión,
inundando totalmente,
con fuertes y rugientes oleajes,
bañando nuestros hogares
con un millón de bendiciones
para este año que termina,
y el año que se avecina.
en el tiempo,
en la distancia,
en aire, el fuego
y el agua,
en la fresca tierra,
dejando que todo pase,
sin prisa,
sin miedo,
sin culpas,
y rencores;
dibujando en la arena,
castillos y estrellas.
Volver a ser niños,
sin orgullo
y prejuicios;
perderse en el verde,
en el azul,
en el amarillo,
en el rojo,
en el inmaculado blanco
y el penetrante negro,
seducidos,
por su misterioso
encanto.
Girar incansables,
como lo hacen los planetas
y los molinos de viento.
Croar como ranas
en la espesura
de la húmeda hojarasca,
saltando a las cristalinas charcas,
danzando, cantando,
hasta llegar la alborada.
Iluminar la noche
como luciérnagas,
zumbar como el viento,
como lo hacen
cargadas de polen
las abejas, al llegar
a su colmena.
Amar como lo hacen
en los tejados
de las casa viejas
y en las cornisas de las
pueblerinas iglesias,
las bellas palomas.
Trepar en la selva,
alcanzando el sol,
la luna, las estrellas,
y un furtivo planeta.
Dejarnos arrullar,
mecidos por el viento
en las vigorosas ramas,
con el canto de las guaduas.
Volver a nacer sin prisa,
sin miedo al reloj de arena;
porque vienen tiempos
primaverales, de bonanza,
cubriendo nuestro suelo,
con tormentas de progreso,
huracanes de pasión,
inundando totalmente,
con fuertes y rugientes oleajes,
bañando nuestros hogares
con un millón de bendiciones
para este año que termina,
y el año que se avecina.