Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Inspirado en un poema de mi amiga Palmira.
A veces el monocromo amanece azul y a veces dorado.
Me gusta el de noviembre que se vuelve gris pardo,
como si todas las ventanas le temieran al viento
y las banquetas sintieran una gran solemnidad al curso de los pasos.
Y el monocromo respeta ese color marrón dorado del adiós
que nos dejan las hojas en su vuelo despedida
recorriendo las calles, los parques y las plazas
libres de libertad tan moribunda
tan festiva.
Evoco mis lagos y cascadas
y solo me conformo con el oleaje comprimido del granito
volviéndose espejismo solar sobre las plazas.
Con las altas -casi estelares- murallas de cristal de los casi infinitos edificios.
Hay para los permisos -sin trámite- el recurso de palabras entrampadas con algún gerundio
donde la razón es algo menos que importante, y lo que cuenta,
es siempre ese vuelo de hombre con neurona,
sin una hoja de ruta
sin un mapa impulsado por funestos tesoros disneylandios.
Cada ensueño su rumbo
valorado en minutos, en segundos,
hacia la miel del beso y del abrazo
que contienen la magia
de su anhelado mundo.
La audacia del ensueño..., cuánto dura,
qué otra cosa es instante, que no sea
un recuento a minutos
a latidos.
La neurona es capaz de abrir las puertas invisibles de los sueños
y también de utopías personales.
Yo juego a mi libertad lejos de huesos y de piel
con un cuerpo de gas y de destellos
para volverme flama con un beso
o congelar mi tiempo en el abrazo.
Me miro tan sencillo ante el espejo
mortal y reprimido por la fuerza que apresa hacia el planeta
que se esfuma la magia que me puebla
morador de locuras y de juergas.
Mi libertad neurona me libera:
Mira que he vuelto lodo cada letra,
y acampanar con ecos, voz de tiempo,
los silencios profundos del recuerdo
para romper los muros
del Jericó inseguro del mañana.
Y sí, la vida empieza,
abro los ojos siempre a un mundo nuevo
poso la planta sobre el suelo
sea derecha
o izquierda
qué importa andar fortuna o desafío.
Empieza un mundo nuevo en cada siempre
con su ritual de mito,
con su voz de nostalgia insuperada.
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