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Retahílas monocromáticas

danie

solo un pensamiento...
El sonido de las campanas,

marcan tu presencia mientras laceran mi torso,
como si fueran atascadas cadenas que me amarran al féretro:
es producto del aladro de un ámbito yermo
y la mosqueta marchita que exhuma los restos.
En el silente del ángelus, una matiz monocromática
decora las retahílas de los rancios y percudidos recuerdos;
ya te veo y te siento acompañada por un frío álgido que cercena
a la añoranza y su anhelo.


Oh, sacras retahílas que mancillan el ápice


de la congoja y el lamento.
Tú desangraste al rosal glorioso con tus buidas sombras del ayer,
dilapidando el porvenir del hoy.
Oh, gris temple de vigor que empuña al espetón
incrustado ruinmente en mí pecho.
Tú contaminaste las aguas venideras del futuro y su vanguardia,
con tus labios rociados con ponzoña y veneno.
Tú te disfrazas de la Parca en la noche
y con tu hoz seccionas el filamento que sostiene mi aura al cuerpo.


¡
Llego contigo mi destino!, grito:

cuando golpeo con mis puños las puertas del orco y su averno.
Oh, ángel que avecina la presencia de esa cálida muerte,
musitas en tu respiro que tu don es de extirpar el dolor.
Y un manto gris me alberga en sentimientos:
¿cómo distinguir los colores de una pletórica vida,
si nunca diferencié el tornasol de una aurora o el celaje de un cielo?
¿Es qué siempre vi en blanco y negro?
¡Siempre vi valores y no colores!
¡Qué lástima morir sin conocer la forma del color!,
pero eso no es culpa tuya, sino mía.
Es que al fin conozco tú verdadera faceta y con enjundia grito:
¡bien aventurada es la muerte!
Tú eres el mejor remedio para erradicar el encono y la aversión.
 
El sonido de las campanas,

marcan tu presencia mientras laceran mi torso,
como si fueran atascadas cadenas que me amarran al féretro:
es producto del aladro de un ámbito yermo
y la mosqueta marchita que exhuma los restos.
En el silente del ángelus, una matiz monocromática
decora las retahílas de los rancios y percudidos recuerdos;
ya te veo y te siento acompañada por un frío álgido que cercena
a la añoranza y su anhelo.


Oh, sacras retahílas que mancillan el ápice


de la congoja y el lamento.
Tú desangraste al rosal glorioso con tus buidas sombras del ayer,
dilapidando el porvenir del hoy.
Oh, gris temple de vigor que empuña al espetón
incrustado ruinmente en mí pecho.
Tú contaminaste las aguas venideras del futuro y su vanguardia,
con tus labios rociados con ponzoña y veneno.
Tú te disfrazas de la Parca en la noche
y con tu hoz seccionas el filamento que sostiene mi aura al cuerpo.


¡
Llego contigo mi destino!, grito:

cuando golpeo con mis puños las puertas del orco y su averno.
Oh, ángel que avecina la presencia de esa cálida muerte,
musitas en tu respiro que tu don es de extirpar el dolor.
Y un manto gris me alberga en sentimientos:
¿cómo distinguir los colores de una pletórica vida,
si nunca diferencié el tornasol de una aurora o el celaje de un cielo?
¿Es qué siempre vi en blanco y negro?
¡Siempre vi valores y no colores!
¡Qué lástima morir sin conocer la forma del color!,
pero eso no es culpa tuya, sino mía.
Es que al fin conozco tú verdadera faceta y con enjundia grito:
¡bien aventurada es la muerte!
Tú eres el mejor remedio para erradicar el encono y la aversión.



vaya cierre, con ese grito tan mordaz, abrazos
 
El sonido de las campanas,

marcan tu presencia mientras laceran mi torso,
como si fueran atascadas cadenas que me amarran al féretro:
es producto del aladro de un ámbito yermo
y la mosqueta marchita que exhuma los restos.
En el silente del ángelus, una matiz monocromática
decora las retahílas de los rancios y percudidos recuerdos;
ya te veo y te siento acompañada por un frío álgido que cercena
a la añoranza y su anhelo.


Oh, sacras retahílas que mancillan el ápice


de la congoja y el lamento.
Tú desangraste al rosal glorioso con tus buidas sombras del ayer,
dilapidando el porvenir del hoy.
Oh, gris temple de vigor que empuña al espetón
incrustado ruinmente en mí pecho.
Tú contaminaste las aguas venideras del futuro y su vanguardia,
con tus labios rociados con ponzoña y veneno.
Tú te disfrazas de la Parca en la noche
y con tu hoz seccionas el filamento que sostiene mi aura al cuerpo.


¡
Llego contigo mi destino!, grito:

cuando golpeo con mis puños las puertas del orco y su averno.
Oh, ángel que avecina la presencia de esa cálida muerte,
musitas en tu respiro que tu don es de extirpar el dolor.
Y un manto gris me alberga en sentimientos:
¿cómo distinguir los colores de una pletórica vida,
si nunca diferencié el tornasol de una aurora o el celaje de un cielo?
¿Es qué siempre vi en blanco y negro?
¡Siempre vi valores y no colores!
¡Qué lástima morir sin conocer la forma del color!,
pero eso no es culpa tuya, sino mía.
Es que al fin conozco tú verdadera faceta y con enjundia grito:
¡bien aventurada es la muerte!
Tú eres el mejor remedio para erradicar el encono y la aversión.


Es un placer leerte amigo y pasear por tus fantasias y excelentes metáforas. Feliz fin de semana
 
Poderosa cascada de letras, que atrapan
por su impresionante lexico tan bien trabajado.
Plasmas la unica esencia al escribir
que solo te pertenece a ti,en cada
poesia dejas un poco de tu alma.
Saludos poeta.
 
El sonido de las campanas,

marcan tu presencia mientras laceran mi torso,
como si fueran atascadas cadenas que me amarran al féretro:
es producto del aladro de un ámbito yermo
y la mosqueta marchita que exhuma los restos.
En el silente del ángelus, una matiz monocromática
decora las retahílas de los rancios y percudidos recuerdos;
ya te veo y te siento acompañada por un frío álgido que cercena
a la añoranza y su anhelo.


Oh, sacras retahílas que mancillan el ápice


de la congoja y el lamento.
Tú desangraste al rosal glorioso con tus buidas sombras del ayer,
dilapidando el porvenir del hoy.
Oh, gris temple de vigor que empuña al espetón
incrustado ruinmente en mí pecho.
Tú contaminaste las aguas venideras del futuro y su vanguardia,
con tus labios rociados con ponzoña y veneno.
Tú te disfrazas de la Parca en la noche
y con tu hoz seccionas el filamento que sostiene mi aura al cuerpo.


¡
Llego contigo mi destino!, grito:

cuando golpeo con mis puños las puertas del orco y su averno.
Oh, ángel que avecina la presencia de esa cálida muerte,
musitas en tu respiro que tu don es de extirpar el dolor.
Y un manto gris me alberga en sentimientos:
¿cómo distinguir los colores de una pletórica vida,
si nunca diferencié el tornasol de una aurora o el celaje de un cielo?
¿Es qué siempre vi en blanco y negro?
¡Siempre vi valores y no colores!
¡Qué lástima morir sin conocer la forma del color!,
pero eso no es culpa tuya, sino mía.
Es que al fin conozco tú verdadera faceta y con enjundia grito:
¡bien aventurada es la muerte!
Tú eres el mejor remedio para erradicar el encono y la aversión.



Me impacta bastante, como una transición de dulce agonía, como pasando a otra linea darse cuenta de que quizás la enfermedad la debiste disfrutar más, aunque quizás me estoy equivocando, pero así percibí el poema.

Danie, tus escritos siempre son bien pensados, llenos de imágenes que deslumbran, todo un disfrute.

Ha sido grato pasar por aquí.

Saludos.

 
Fuertes y crudos versos Danie empapados de inmensas y vívidas imágenes, tan solo para reconocer que es mejor morir libre que en este odio. Felicitaciones por su magnífica obra, saludos poeta
 
Tu y tu idioma cada vez me sorprende más, el como lo manejas y lo adaptas, ese lenguaje oscuro y desgarrador hace que tu escrito sea bueno y la historia atrapante, me gustó.Un gusto leerte, saludo desde Colombia de tu amigo Carlos Andrés.
 
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